#VTalPasado 1898: La sorpresiva llegada del acorazado Maine a la isla de Cuba

Faltaban dos años para finalizar el siglo XIX y en la isla de Cuba se avizoraba un aire de cambio dentro del proceso de independencia. Luego de tres años de guerra y tras el desgaste de las fuerzas coloniales  el imperio español – en un intento de evitar la pérdida total del territorio – permite el establecimiento de un gobierno autonomista que inició funciones el 1 de enero de 1898.

Sin embargo, lejos de representar una causa positiva para los independentistas cubanos e incluso, significar para el poder español un espacio temporal para reagrupar fuerzas, lo que tuvo lugar fue un escenario de tensión social aprovechado posteriormente por el gobierno de los Estados Unidos para justificar en el futuro inmediato su papel interventor en el conflicto.

La guerra entre Cuba y España

Con el llamado Grito de Baire, en febrero de 1895, se da inicio a una segunda fase del proceso independentista cubano. Múltiples y simultáneos levantamientos se dieron en diferentes localidades a fin de derrotar al imperio español. Para la fecha, Cuba – conjuntamente con Puerto Rico, Filipinas y Guam – se mantenía como una de las últimas colonias españolas en la región. Por tal motivo, los rebeldes cubanos intensificaron su lucha para lograr poner fin al dominio imperial en su territorio.

José Martí fue una figura de gran relevancia dentro del proceso de independencia cubano. Participó activamente en la organización de la guerra en 1895.

La guerra fue tomando mayor auge en los meses siguientes a los levantamientos de febrero de 1895. Las fuerzas españolas se vieron en la necesidad de reforzar su control, desarrollando estrategias más complejas para impedir el avance de los insurgentes.

Es así como, a principios de 1896 con la llegada del general español Valeriano Weyler y su nombramiento como Capitán General de Cuba, se desarrolla una política represiva que buscaba aniquilar y reducir lo más posible cualquier brote dado en la región. Su actuación ha sido catalogada como severa por su práctica de reconcentración de la población, que se caracterizó por la movilización, aislamiento y confinamiento de grandes cantidades de pobladores con el fin de evitar su incorporación a la contienda a favor de los independentistas.

Para 1897 la situación se había tornado difícil para el poder español. A pesar de las tácticas usadas y de la superioridad de las tropas, la guerrilla llevada a cabo por los movimientos cubanos, logró disminuir el control de las fuerzas españolas. Esto trajo como consecuencia la salida del general Weyler y el nombramiento de otro Capitán General.

De esta manera se establece el camino para que a principios de enero de 1898 se instalara un gobierno autónomo, pero no significaba el fin del conflicto. Además, para este momento, los Estados Unidos comenzaría a mostrar su interés en la isla y el curso de los acontecimientos cambiaría drásticamente.

25 de enero: “Una visita amistosa”

Doce días después del establecimiento del gobierno autónomo, tropas fieles a la península protagonizan una revuelta en la ciudad de La Habana y arremeten contra diversos periódicos de la ciudad que apoyan al nuevo orden establecido. Este ambiente de tensión fue tomado por el cónsul y general estadounidense, Fitzhugh Lee, como un llamado de atención a su gobierno para que tomara medidas en resguardo de los ciudadanos de su país y protección de los intereses de Washington.

Intereses políticos y económicos que el gobierno de los Estados Unidos fue asomando durante el conflicto y que evidenciaba su proyecto expansionista en la región. El presidente del momento, William McKinley, tomaría decisiones en función a la atmósfera de esos días, creada, entre otros elementos, por la opinión pública dirigida por la prensa estadounidense y por los constantes comunicados de alerta realizados por el cónsul radicado en La Habana.

En este contexto, para el 24 de enero de 1898, dio la instrucción de enviar un buque de guerra a la isla con el pretexto de realizar una “visita amistosay velar por la protección de sus ciudadanos residenciados en Cuba. Pero esta acción se realizó sin cumplir con los protocolos diplomáticos respectivos y en menos de 24 horas, la embarcación de las fuerzas armadas estadounidenses hacía presencia en territorio cubano.

El acorazado Maine fue un buque de guerra de grandes dimensiones de la fuerzas navales estadounidense.

En horas de la mañana del 25 de enero de 1898, el pueblo cubano es sorprendido entonces por la llegada del acorazado Maine al puerto del castillo de El Morro en las costas de La Habana, haciendo gala de su poderío militar tanto a las fuerzas españolas como a las fuerzas cubanas que aún se disputaban el poder.

Este buque, comandando por el capitán Charles Dwight Sigsbee, no solo representaba una protección para los residentes estadounidenses en Cuba sino una unidad de grandes dimensiones para demostrar la potencia naval de Estados Unidos frente a otros países.

Por varias semanas el acorazado Maine se mantuvo en el puerto y sin representar algún elemento de intromisión real dentro del conflicto entre España y Cuba.  Sin embargo, las relaciones entre ambos cada vez eran más tensas y tras la voladura del buque el 15 de febrero de 1898, Estados Unidos declara la guerra a España y se establece un nuevo conflicto de tres actores: Cuba, España y ahora Estados Unidos.

Estados Unidos se presentaba como una nación defensora de la soberanía, pero su accionar no buscaba dar un apoyo real a la lucha de la independencia cubana sino una oportunidad para hacerse de los territorios de las antiguas colonias españolas e imponer su hegemonía como nueva potencia en ascenso.

Si bien la voladura del buque fue el punto de inflexión para la incursión de Estados Unidos en la llamada guerra hispano-cubana-estadounidense de 1898, su llegada el 25 de enero simbolizó una advertencia muy directa de su posible intromisión e injerencia. Una práctica que desarrollaría a partir de ese momento por su afán expansionista.

Simón Andrés Sánchez/VTactual.com

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