La incómoda verdad sobre el aborto en Venezuela

Hablar de la despenalización del aborto en Venezuela es “alborotar el avispero”. Por un lado,  se pronuncian indignados los jerarcas religiosos y los grupos “Pro-Vida” calificando como “asesinas”, “irresponsables” y “egoistas” a quienes apoyan la interrupción voluntaria del embarazo. Del otro lado, los colectivos feministas plantean sus argumentos y muchas veces se dejan llevar por la frustración de no ser escuchados con la seriedad que amerita.

Mientras ambos bandos se “despellejan” entre sí, los legisladores de todos los colores del espectro político evitan “meterse en camisa de once varas” y engavetan una propuesta tan polémica como necesaria. Existe una realidad irrefutable: en Venezuela – a pesar de la ilegalidad del aborto – muchas mujeres interrumpen voluntariamente sus embarazos y un número importante de ellas termina formando parte de las estadísticas de mortalidad materna del país. A eso hay que añadirle la existencia de “mafias” que se lucran efectuando estos procedimientos de manera clandestina.

El tabú alcanza las estadísticas oficiales

No existen cifras oficiales de las muertes por abortos, se dispone de un “subregistro” que limita la obtención de datos y reconocer el asunto como un problema de salud pública. Según un estudio publicado con cifras del 2014, un 11,4% de los embarazos adolescentes terminan en abortos. Durante ese año, nada más en la Maternidad Concepción Palacios de Caracas se atendieron 2.336 complicaciones por abortos, es decir, poco más de 6 por día.

De acuerdo con la publicación “Los derechos y la salud sexual y reproductiva en Venezuela” (2015) los  abortos  inseguros constituyen la tercera causa  de  mortalidad  materna. por lo que recomiendan revisar nuestro marco legal y aseguran que “En  los  países  que  han  adoptado  una  mayor  apertura  frente  al  aborto  se  ha reducido la mortalidad materna”.

Este problema llegó hasta la Organización de Naciones Unidas (ONU) que durante el desarrollo de la 69ª Asamblea General le solicitó a Venezuela la revisión y modificación de la ley del aborto vigente en el país, permitiendo la interrupción voluntaria del embarazo.

El informe de Feministas en Acción Libre y Directa por la Autonomía Sexual y Reproductiva (Faldasr) abre el debate

El acercamiento estadístico más reciente realizado sobre el aborto en Venezuela fue el ejecutado y publicado por Faldasr “El Aborto desde la escucha: datos para un debate urgente (2019) y está basado en la caracterización de las mujeres venezolanas que quisieron abortar y llamaron a la Red de Información por el Aborto Seguro (RIAS) entre 2015-2018.

RIAS es una línea telefónica que proporciona – a las mujeres que están considerando interrumpir voluntariamente su embarazo – información segura sobre el uso de los medicamentos misoprostol y mifepristona hasta la semana doce de embarazo. Es importante resaltar que esta información está basada en investigaciones publicadas por la Organización Mundial de la Salud.

Sobre el informe que mencionamos debemos destacar que el mismo – en términos estadísticos – se basa en una muestra no aleatoria debido a que se trata sólo de las mujeres que han llamado a esta línea telefónica buscando información. Sin embargo, la misma no es representativa respecto a la universalidad de mujeres que se practican un aborto en Venezuela

Demoliendo los estigmas

Uno de los más comunes que recaen sobre las mujeres que abortan consiste en pensarlas como mujeres que rechazan la maternidad. De acuerdo con la experiencia del RIAS se trata de una misma mujer en distintos momentos de su vida: un 49,7% de las mujeres que las contactaron manifestaron tener un hijo o más, mientras que un 45,3% expresó no tener hijos.

El promedio de edad de las mujeres atendidas por RIAS estuvo entre los 25 y 26 años. En menor medida adolescentes y mujeres mayores de 45 años. Cabe destacar que en el caso de las adolescentes, la mayoría de las llamadas eran hechas por sus madres. Los pocos casos de adolescentes que maneja la línea arroja que la información sobre la misma no llega con fuerza a este segmento por lo que continúan con los embarazos indeseados o se practican abortos inseguros.

Uno de los mitos más reproducidos sobre las mujeres que abortan y la despenalización del aborto, es que, al legalizar la práctica, las mujeres abortarán de forma reiterativa. A ninguna mujer le gusta enfrentarse a la interrupción voluntaria del embarazo. La gran mayoría de las mujeres que contactaron a RIAS no había tenido una experiencia similar antes. Un 84,1% manifestó entre 2015 y 2018 no haber tenido una experiencia previa de aborto frente a tan sólo un 14,4% que sí.

Sobre las razones que llevaron a las mujeres encuestadas para considerar la interrupción voluntaria del embarazo las más sobresalientes son la situación económica y el embarazo no deseado. Específicamente para el año 2018 otras causales como una mala relación de pareja, migración y violencia sexual resultaron significativas.

Lo aquí mostrado es apenas un “abreboca”. El Estado debe hacer un estudio oficial y asumir que los abortos clandestinos y sus consecuencias son un problema de salud pública. Un debate serio basado en los resultados del mismo contribuirán a derrumbar los mitos y estigmas en torno la interrupción voluntaria del embarazo. Mientras eso no se haga – y persista el temor de “toparse con la Iglesia” – cualquier proyecto de Ley para la despenalización del aborto dormirá el “sueño de los justos”.

Enza García Margarit/VTactual.com

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