Venezuela: cuando quedarse en casa no es una opción

La vacuna rusa contra el Coronavirus ya llegó, pero su aplicación en América Latina no será posible hasta noviembre. Mientras tanto cada balance ofrecido por las autoridades venezolanas mata las esperanzas de buena parte de la población que anhela la vieja normalidad. Pese a estar muy por debajo de sus vecinos, Venezuela sigue aumentando sus cifras de contagios y para un país sumergido en una crisis social, política y económica de sus dimensiones, la cosa no pinta bien.

Y es que para muchos habitantes del país caribeño su realidad se redujo a una elección extrema: contagiarse o no comer. La pobre calidad de vida hace que muchos tengan que salir a correr el riesgo de contagiarse para llevar algo de comer a sus hogares. Nunca antes aquello de «si no trabajo, no como» lució tan claro.

La informalidad no puede quedarse en casa

Hablar de trabajo informal en Venezuela muchas veces es relacionado exclusivamente con la buhonería. Sin embargo, el término abarca mucho más y en medio de la crisis y la pandemia, el término cobra más que otro sentido, una actividad necesaria y de supervivencia.

Los servicios a domicilio han proliferado en Venezuela. No sólo lo prestan empresas, sino particulares.

Rocío vive en Catia, una de las zonas con mayor contagio de Coronavirus en la capital. Trabaja como maestra en una escuela privada y después de haberse fajado con sus alumnos para terminar el año escolar a distancia, se puso a vender postres.

«La venta de tortas y dulces siempre se mueve. Parece mentira, pero durante la pandemia las ventas han mejorado«. Rocío debe salir a comprar los ingredientes de sus postres al menos tres veces a la semana y aunque es consciente de los riesgos que corre, no se puede «dar el lujo de quedarse en casa». «Yo tomo mis precauciones con guantes y tapaboca, pero tengo que salir a comprar los materiales de las tortas para que no se me caiga el negocio», asegura.

Un caso similar ocurre con Íngrid, quien vende delicateses importadas con servicio delivery, y debe salir a reponer mercancía y realizar sus ventas casi a diario. «Yo retiro mercancía entre dos y tres veces a la semana cuando llega de Colombia, pero mis ventas salen todos los días y las reparto a domicilio. Me han parado varias veces, y estoy clara con la situación, pero ese es mi único ingreso ahora».

Venta de alimentos, golosinas, licores, kits médicos contra el Covid-19 y servicio de transporte con salvoconducto incluido, forman parte de las ofertas más populares que en tiempo de pandemia ofrecen algunos venezolanos que ponen en riesgo su salud para obtener ingresos económicos.

Los sectores priorizados en Venezuela

Samuel es policía en la capital del país. Al ser un sector priorizado, tiene que trabajar todos los días incluyendo las guardias. «Muchos ciudadanos no colaboran con la situación. Recibimos denuncias sobre (la realización de) fiestas casi todos los días y los fines de semana es peor». Relata que en los operativos ellos mismos se ponen en riesgo de contagio porque tienen que lidiar con muchas personas que podrían estar contagiadas. «Contamos con protección, pero uno nunca sabe», confiesa.

Venezuela
Las autoridades han tenido que apagar el ánimo fiestero de muchos venezolanos, que no se apaga ni durante la pandemia.

Por su parte Indira es trabajadora de un medio de comunicación y no ha parado de trabajar en sus turnos. «Varios compañeros han dado positivo y el trabajo no puede pararse. Tal como van las cosas es una lotería para que el próximo sea uno mismo», dice preocupada. Revela que aunque se han tomado algunas medidas sanitarias, la dinámica de trabajo y el contacto con sus compañeros, aumentan el riesgo de contagio. «Una se asusta y la familia en la casa se preocupa, pero hay que trabajar. Será una buena historia para contar a los nietos», dice sonriente.

Trabajar en el ojo del huracán

La doctora Audrey es epidemióloga y trabaja en un hospital del estado Miranda, uno de los mayores focos de contagio en Venezuela. A diario recibe nuevos pacientes con Covid-19 y cuenta que los niveles de estrés «no son normales». «Me impresiona ver cómo la gente no se toma en serio la pandemia. Muchos siguen creyendo que es mentira hasta que llegan aquí», comenta.

Venezuela
El personal sanitario, además de enfrentar la pandemia, debe lidiar con la imprudencia de buena parte de la población.

«Hacemos charlas sobre la Covid-19 casi todas las semanas, para que nuestro personal tome consciencia de los riesgos que corren. Aún así seguimos viendo personas usando mal el tapabocas o que no cumplen con las medidas de distanciamiento. Todos estamos expuestos, mucho más si no somos conscientes».

Uno de los mayores focos de contagio por sus características, son los mercados. Manuel tiene un puesto de frutas en el mercado comunitario de Catia La Mar, en el litoral de Venezuela, afectado por algunos contagios recientemente. «Es difícil que un mercado no sea foco de contagio. Aquí entra todo el mundo, tocan las frutas, las verduras, los empaques. Los fines de semana esto se llena como si no hubiera Coronavirus. Pero ¿como se hace? La gente tiene que comer«, reflexiona.

Situaciones similares se presentan en el transporte público, en el comercio informal callejero, en los «truequeros» ambulantes y otros oficios ideados para ganarse la vida. La crisis acentuada por el bloqueo y la pandemia urgen a los políticos a mirar a su pueblo a los ojos.

Randolph Borges/VTactual.com

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