#VTanálisis: Un tsunami antirracial golpea fuerte en las capitales de Europa

#VTanálisis: Un tsunami antirracial golpea fuerte en las capitales de Europa / Foto: Vtactual

De Bruselas a Budapest, pasando por Madrid y Roma. Desde la muerte del afroestadounidense George Floyd, de 46 años, a manos de un policía caucásico, decenas de miles de sus compatriotas salieron a las calles, pero también lo han hecho los europeos. Se ha transformado el asunto en un tsunami antirracial salido de América y golpeando fuerte el viejo continente.

En principio Londres, Berlín y Copenhagen, hace siete días. Pero a cada jornada que pasa se suman más metrópolis.

Este fin de semana ha sido Roma, donde una espontánea manifestación congregó en la famosa Piazza del Popolo a miles de jóvenes que se arrodillaron en silencio, con el puño en alto, durante nueve minutos, el tiempo durante el cual el policía Derek Chauvin mantuvo su rodilla apoyada sobre el cuello de su víctima, hasta que ésta falleció. Al levantarse, gritaron también: «¡No puedo respirar!».

En la manifestación, con muchos migrantes africanos, Michael Taylor, originario de Botsuana, acudió con toda su familia. «Soy un africano blanco, y a veces siento miedo y el desprecio únicamente porque soy un extranjero», dijo a una agencia a la que agregó: «Imagínese cómo serían las cosas si yo fuera negro».

«Es realmente duro vivir aquí», declaró por su parte Morikeba Samate, senegalés de 32 años, uno de los decenas de miles de migrantes llegados a Italia tras una peligrosa travesía por el Mediterráneo. «Piensan que somos todos unos ladrones».

Habría que preguntarle a Matteo Salvini y a su “Liga” qué opinión le merece una actividad como la que se ha dado en la “ciudad eterna”. De seguir en el Ejecutivo, ni se habría podido realizar: aún estarían muchos de ellos varados en el mar, sin la posibilidad de tocar tierra firme frente a las costas de Lampedusa.

Bristol se subleva contra los negreros

De nuevo en Londres, por segundo fin de semana consecutivo, miles de británicos se manifestaron, los días sábado y domingo, aunque también en ciudades como Brístol.

En esa localidad del suroeste inglés, con pasado esclavista, una estatua del negrero Edward Colston terminó derribada de su pedestal, sacada de su base, y pateada por los manifestantes una vez en el suelo, según imágenes de la BBC.

“Hubo un grupo pequeño de gente que, obviamente, cometió un delito de daño criminal al derribar la estatua cerca del puerto de Bristol”, declaró en un comunicado el superintendente Andy Bennett.

No obstante, el funcionario olvidó que, aunque este homenaje de bronce se erigió en 1895, en los últimos años ha recibido un fuerte cuestionamiento. Un creciente número de residentes demanda una revisión de la herencia esclavista de este importante puerto en la ruta entre África y las Américas.

La indignación se esparce entre miles

Bruselas, la capital belga, vio marchar a unos 10 mil manifestantes –según la policía- que se trasladaron hasta el palacio de justicia.

En Holanda, miles se manifestaron no en Ámsterdam, pero sí en Zwolle (norte) y Maastricht (sur). En Budapest, la capital húngara, otro millar de personas se reunió cerca de la embajada estadounidense.

En Alemania, no hubo protestas callejeras, pero los jugadores de cuatro equipos de la Bundesliga (la liga de fútbol) se arrodillaron en apoyo a la lucha antirracista. En Suiza, miles de manifestantes, vestidos de negro, desfilaron en Lausana.

El impacto ibérico

Pero han causado impacto, esta semana, la capital española y Barcelona. En un país con una gran impronta racista, construido a sangre y sudor esclava, aunque ya de eso haya pasado tanto y “mejor ni remover el pasado”. Pero las nuevas generaciones son otra cosa.

En Madrid, unos 3 mil manifestantes, según las estimaciones de la policía local, se reunieron a media jornada frente a la embajada de Estados Unidos, para condenar el asesinato de Floyd bajo las palabras que ya se han convertido en consigna contra la opresión racista y la brutalidad policial: «No puedo respirar», pero también se escucharon mensajes a coro como “No hay paz sin justicia” o “Vosotros los racistas, sois los terroristas”.

Se arrodillaron durante un minuto, en silencio, en señal de protesta contra los abusos policiales hacia la comunidad negra, en un gesto iniciado por el jugador de fútbol americano Colin Kaepernick en 2016. Luego marcharon pacíficamente hasta la emblemática Puerta del Sol, en el corazón de la ciudad.

Allí, Leinisa Semedo, una traductora de español de 26 años de Cabo Verde, país ubicado en el Atlántico africano, señala: “El racismo no conoce fronteras (…) He vivido en China, Portugal, y ahora en España y en todos los países donde he vivido he experimentado discriminación debido al color de mi piel», afirmó.

En Barcelona, en el noreste español, cientos de manifestantes llenaron la plaza de Sant Jaume, donde se encuentra el gobierno regional. Con mascarillas y manteniendo su distancia, levantaron carteles en inglés para denunciar el racismo en España y Europa.

De hecho, para estos días, la organización Comunidad Negra, Africana y Afrodescendiente en España (CNAAE) convocó manifestaciones en 10 ciudades del país, desde Pamplona, en el norte, hasta el archipiélago canario, frente a la costa occidental de África.

La indignación ha provocado que cientos de miles de estadounidenses tomaran las calles para manifestarse contra la muerte de uno de sus connacionales, pero la furia se ha extendido progresivamente a buena parte del planeta. Pero contrario al virus, que siembra miedo y muerte, las manifestaciones van abriendo camino a la conciencia. Todos somos iguales y de eso ya se están dando cuenta hasta en París, pero en las calles más no en el Eliseo.

FF/VTactual.com

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