#VTanálisis #DonaldTrump vs. Joe Biden: rivales con el mismo olor a azufre

The devil you know is better than the devil you don’t”, frase muy popular utilizada por los estadounidenses cuyo significado literal es “El diablo que conoces es mejor que el diablo que no conoces”, una especie de idea que en América Latina puede traducirse como: “Más vale malo conocido que bueno por conocer”. Ese es el dilema que enfrentarán en noviembre los norteamericanos, cuando deban elegir entre el supremacista #DonaldTrump y el belicoso Joe Biden como “líder supremo” para los próximos cuatro años.

Pero, la duda razonable en este caso es: ¿cuál es el diablo conocido y cuál es el diablo por conocer? Trump avanza en su cuarto e hipotético último año como Presidente, luego de una vida llena de lujos y de excesos. Biden fue ocho años vicepresidente de Barack Obama (2009-2017) después de ser senador durante 36 años (1973-2009). El primero tiene una retórica explosiva, el segundo un prontuario de guerra. Aquel es nacionalista, éste es globalista.

Uno es republicano y el otro demócrata, el dato más obvio, pero el que genera suspicacia: ¿hay realmente diferencias entre los presidentes de un partido y del otro? El bipartidismo en ese país reina ininterrumpidamente desde tiempos inmemoriales — bueno, desde 1853 con el demócrata Franklin Pierce —, sin embargo, en la práctica los cambios en la política de Estado apuntan siempre a un mismo objetivo: el expansionismo.

Lo anterior responde a la Doctrina Monroe que mueve los hilos de todo aquel que se siente en el escritorio de la Oficina Oval de la Casa Blanca desde 1823, cuando el quinto mandatario, James Monroe, decretó que la inspiración de los planes y políticas debía ser siempre el expansionismo de Estados Unidos, con base en esa infame afirmación: “América para los Americanos”, que en la práctica significa “América para los estadounidenses”.

Los últimos cuatro expresidentes estadounidenses, dos republicanos y dos demócratas; todos promotores de la guerra. Foto: Agencias

El bipartidismo

En entrevista para VTActual, Francisco González, abogado venezolano, investigador, analista internacional y magister en Integración Latinoamericana de la Universidad Nacional de Tres de Febrero en Argentina, recuerda que ambos partidos han intercambiado roles desde hace más de un siglo.

“En el periodo 1856-1896 los republicanos, con Abraham Lincoln a la cabeza, fueron los abolicionistas, lucharon contra la esclavitud, apoyaron la guerra civil y promulgaron una suerte de progresismo”, apuntó Gónzalez. De allí, añadió que la situación cambiaría después de la Gran Depresión de 1929, cuando llegó en 1933 el demócrata Franklin D. Roosevelt a la presidencia.

“Los demócratas salieron fortalecidos de la crisis de 1929, respaldando la idea de un estado más intervencionista, con un mayor gasto social que permitiera rescatar al estadounidense promedio de la crisis. Ahora ellos eran los nacionalistas”, señaló González.

Así, explicó que entre un presidente y otro se han intercambiado roles hasta llegar al punto actual: los demócratas más cercanos a afroamericanos, hispanos y movimientos sociales durante la gestión Obama-Biden; y los republicanos más conservadores con Trump, cuya base dura son los estados centrales, donde residen nacionalistas, terratenientes y agroindustriales.

Uno de los dos será presidente de Estados Unidos para el período 2017-2021. ¿Será Trump o será Biden?. Foto: Agencias

Hoy se vive en el país norteamericano la lucha del “Change We Believed In” (El Cambio en el que Podemos Creer) de Obama, que apuesta por un mundo globalizado occidental para resolver los problemas del país, contra el “America First” (EE. UU. Primero) de Trump, que emplea el término “patriota” pero con significado ultranacionalista y xenófobo.

Un sistema político obsoleto

Precisamente, por ese intercambio de roles desde hace más un siglo, el abogado y analista internacional libanés-venezolano, Raimundo Kabchi, comentó que sin importar las promesas de quien llegue al poder, demócratas y republicanos cometen los mismos errores.

“La mentalidad de la política estadounidense no ha cambiado en 200 años: el sistema está hecho para los ricos, que representan el 1 % de la sociedad. Esa otra clase que resulta medianamente beneficiada sin ser multimillonaria funciona tan solo como comodín para los pudientes de ese 1 %”, argumentó en entrevista con VTActual.

En ese punto, se puede comparar a Trump con Biden. El magnate es el único presidente en 40 años que no ha iniciado una guerra militar en su primer mandato: Ronald Reagan, George Bush, Bill Clinton, George W. Bush y Barack Obama lo hicieron.

El mismo Donald Trump ha jugado en redes con la idea de ser un amante de las sanciones y medidas coercitivas. Foto: Twitter

Aunque su retórica es agresiva, Trump siempre apuesta por asfixiar con sanciones a cualquiera que entorpezca sus planes de manejar a su antojo la economía mundial, para repartirse las riquezas entre amigos.

De allí sus “modelos” de conflictos: guerras comerciales con China, Rusia, Europa, India, México y Canadá; bloqueos financieros sobre Irán, Cuba y Venezuela; boicot económico a la Organización de Naciones Unidas (ONU) , la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, (Unesco) el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia o Unicef , el Consejo de Derechos Humanos, la Organización Mundial del Comercio y la Organización Mundial de la Salud (OMS) ; además de retirarse del Acuerdo de París porque no beneficia sus bolsillos.

Por otro lado, Biden tiene en su currículum protagonismo en al menos cinco conflictos bélicos. En los ’90 tuvo influencia en la decisión de Bill Clinton de incursionar militarmente en las guerras yugoslavas. A principios de siglo, mientras dirigía el Comité de Relaciones Exteriores del Senado, votó a favor de las invasiones a Irak y Afganistán. Como Vicepresidente de Obama fue uno de los estrategas que llevó la guerra a Siria y Libia. Y recordemos que Biden es el demócrata, el liberal, el “cercano” al clamor de los pueblos.

Joe Biden tiene en su experiencia política la promoción de cinco conflictos armados con tres presidentes distintos. Foto: Agencias

Las crisis racial y sanitaria

Para Francisco González, parte de la lucha entre ambos personajes enfrenta la conexión de Biden con el estadounidense promedio — por su relación con Obama— y el populismo de Trump, cuya base se mantiene fuerte y solvente.

En ese sentido, explicó que en enero Trump parecía imbatible por dos elementos: por el boom económico que había beneficiado a su enorme base electoral, y por el fracaso del impeachment, del cual salió airoso y reforzado con casi 50 % de apoyo popular.

Entonces, González comentó que “llegó la pandemia y hoy el favorito es Biden, por la pésima gestión de Trump frente al virus. Estados Unidos no tiene un sistema sanitario que vele por la salud de los estados pobres y la segregación racial ha provocado más muertes en los sectores afroamericanos e hispanos”, un problema que el Obamacare intentó resolver, aunque con esfuerzos tímidos.

El movimiento Black Lives Matter apuesta por la salida de Donald Trump en las venideras elecciones presidenciales. Foto: Agencias

A su vez, agregó que Biden también aprovechó el asesinato de George Floyd — hasta fue a su velorio — que avivó el descontento de aquellos desprotegidos y olvidados por Trump, cuya política supremacista ha provocado una especie de guerra civil encubierta, con un sector armado y otro no.

Al respecto, Kabchi defendió la tesis de que “por primera vez se cuestiona en su totalidad el sistema político, social y económico en Estados Unidos, ese que ha herido y hecho llorar a los pueblos del mundo, que viola las leyes internacionales y constituciones de otros países para imponer su ley. No es Trump, es la sociedad norteamericana”, esa que integra el uno por ciento.

Sobre ello, González añadió que así como Trump llegó reprobando la crisis del mundo globalizado y alentó movimientos nacionalistas en Alemania, Francia, Italia, España, Reino Unido y Brasil; después de su fracaso y el de otros gobiernos similares (como Brasil) para atender la pandemia, puede que Biden devuelva la cachetada y aproveche la crisis generada por la Covid-19 para retomar la senda neoliberal y globalizada que ha dominado en el mundo en las últimas décadas.

Los presidentes de China, Xi Jinping, y de Rusia, Vladimir Putin, son amigos, además de aliados estratégicos y representan un nuevo eje geopolítico global. Foto: AFP

Fuera de sus fronteras

En el plano internacional, González recordó que “Estados Unidos ha perdido influencia en el mundo y presencia en América Latina, mientras Rusia y China han ganado terreno. Al final, todo se dirige a la geopolítica y Biden emplearía otros métodos” pero con el mismo propósito: el dominio de Occidente.

En este último punto, coincidió Lenin Maury, periodista y analista político con especialización en Políticas Públicas para la Igualdad en América Latina del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso), quien coloca como ejemplo a Venezuela.

“Respecto a Venezuela, con Biden quizás se suspendan las agresiones tan burdas, pero el objetivo no cambiará, porque es el mismo desde que Hugo Chávez asumió el poder en 1999: acabar con la Revolución Bolivariana”, enfatizó en entrevista con VTactual.

Barack Obama y Hugo Chávez conversaron en la Cumbre de las Américas de 2009. Años después Obama arremetería contra Venezuela. Foto: Agencias.

En ese sentido, Maury defendió la tesis de que cambiará la forma de agresión, pero no el fondo. “En la era Obama-Biden nació el infame decreto ejecutivo que declara a Venezuela como una amenaza inusual y extraordinaria para Estados Unidos. No olvidemos que ese es el fundamento jurídico para todas las operaciones financieras, militares y económicas que se han gestado y han ido escalando contra el pueblo venezolano”, expresó.

Además, Maury recordó que durante la campaña del partido Demócrata, Biden siempre se refirió a Venezuela «como una dictadura que debía ser eliminada por Estados Unidos”.

“Décadas atrás, los demócratas apostaban a la teoría del ‘poder blando’ de Joseph Nye, que plantea dejar de un lado el martillo y buscar otros medios para influir en el mundo. Con Obama se dejó de lado ese concepto, pues se consumaron acciones de guerra, solo que siempre tuvo a la prensa de su lado. Ahora, con Biden, regresaría buena parte de ese equipo”, detalló.

El objetivo primordial de Estados Unidos es apoderarse del petróleo venezolano. Foto: Web

No obstante, advirtió que una sola cosa es segura: “Con Trump solo se puede esperar lo peor, es el papá político del Frankenstein llamado Juan Guaidó, y gracias a ese apoyo es que sigue saqueando los recursos de Venezuela de forma abierta y confesa. Ahora, en un segundo periodo, sin una reelección en juego, podría ejecutar cosas peores”.

Entonces, al final de cuentas, no importa qué decisión tomen los votantes, la historia seguramente seguirá su curso actual. Los estadounidenses que lloran a George Floyd seguirán formando parte del otro 99 %, y en las relaciones internacionales se profundizará la “ley de la selva”, la ley del “patrio trasero”, la ley del “dólar”. Ni siquiera la crisis pos-Covid-19 podrá cambiar esa política, al menos no mientras los pasillos de la Casa Blanca sigan oliendo a azufre.

Manuel Rodríguez / VTactual

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