Generaciones educadas por la guerra: Los niños y las niñas como objetivo

Recientemente salió a la luz un plan que, por lo menos, puede calificarse como macabro: un fotógrafo realizaba una sesión en las ruinas de un edificio en Egipto, fotografiando a niños y niñas cubiertas con pintura que simulaba sangre. Las imágenes serían difundidas en redes sociales como muestras de la destrucción y el sufrimiento de niñas y niños sirios tras la retoma de Alepo por parte del ejército de Siria, reseñó el portal de RT.

Esta operación no se trata exclusivamente de dar una imagen negativa del gobierno de la nación árabe, dirigido por Bashar Al Assad. Un intento como este tiene objetivos incluso más preocupantes: los niños y niñas se convierten no solo en armas para la generación de ideas, sino en objetivo de guerra.

falsos-ninos-de-alepo

Un niño o niña normalmente tiene preocupaciones de niño o niña: el siguiente aprendizaje (caminar, leer, escribir, manejo de las matemáticas, según sea el caso). Esto, claramente, en condiciones “normales”. En paralelo a estos procesos, se están formando su propia idea del mundo, de las relaciones humanas, de su papel en este. Siempre marcado por su entorno, este aprendizaje depende mucho de sus condiciones de vida.

Si está inmerso en un conflicto armado, siempre atento a una bomba que podría caer sobre su casa, o la posible pérdida de familiares y amigos en alguna querella, esa concepción primaria que tendrá sobre lo que le rodea está firmada por el miedo: a los terroristas, a los comunistas, a los árabes, todo depende de quién esté plantando las ideas.

El miedo, por otro lado, tiende a generar odio, que finalmente lleva a la violencia. Recordemos que la política bélica de los Estados Unidos, principal promotor de conflictos armados en el mundo, se fundamenta discursivamente en la “prevención”, es decir, en el temor de que algo “pueda hacer” cualquiera que sea el país, la cultura y hasta el grupo étnico que hayan marcado como objetivo.

La invasión llevada a cabo en 2003 contra Irak, por ejemplo, fue justificada por el entonces presidente norteamericano George W. Bush, como una medida necesaria para desarmar a la nación árabe, que tendría un amplio arsenal de armamento nuclear. Este, tras años de guerra en territorio iraquí y hasta el asesinato del líder de la nación, Sadam Husein, nunca fueron halladas. Así como tampoco pudieron probar su existencia.

Esta fue una de las acciones que Estados Unidos ha implementado como consecuencia de los ataques a las Torres Gemelas en 2001, y que fueron precedidas por una intensa campaña en medios, programas de TV y cine contra la cultura árabe, representando a los árabes como terroristas. Para entonces, no había niño, niña, joven o adulto en los Estados Unidos que no temiera que su Nación fuera víctima de nuevos ataques de estos grupos.

Volvamos a la imagen de los falsos niños y niñas ensangrentadas en Alepo, Siria, y al año 2016. Ya inmersos por completo en la era digital, que apenas asomaba las narices en los tiempos de las Torres Gemelas, niños y niñas alrededor del mundo tienen acceso pleno a internet y redes sociales.

Aunque en principio no tendrían por qué acceder a contenidos bélicos, en la práctica las restricciones no aplican, y cualquier niño o niña que tenga el manejo de un dispositivo con acceso a internet, podrá ser bombardeado con las ideas de que en Siria el gobierno ataca a niños y niñas (como él o ella, que juega tranquilamente) o que en Venezuela otros pequeños de su edad se acuestan cada día sin comer, a causa de la “crisis” ocasionada por las autoridades venezolanas.

Incluso las películas más “inocentes” incluyen entre sus líneas mensajes sutiles que van quedando en la conformación de las ideas de un niño o niña, y que le llevan a prepararse para ver la guerra y hasta justificarla, por miedo. ¿De qué si no se tratan la oleada de filmes de superhéroes que salvan al mundo de amenazas originadas en laboratorios rusos mayormente?

En Venezuela, durante los años de Gobierno Bolivariano, toda una generación ha sido educada en el miedo, por lo tanto el odio, y finalmente en la violencia contra el chavismo y sus practicantes. Discursos como el de “te van a quitar a tus hijos” no estaba dirigido exclusivamente a padres y madres. Estos le repetirían esas falsas informaciones a sus hijos, que irían creciendo con la amenaza en la cabeza.

Tras 18 años de discursos de esta naturaleza, la generación que ahora cuenta los 18-21 años ya creció sintiéndose en riesgo por el “comunismo”. Es la misma generación que ahora participa activamente en planes de desestabilización como las guarimbas, drenando la violencia que se ha venido instalando en sus mentes.

Además, a través de las películas, series televisivas y, especialmente, videojuegos, la naturalización de la guerra ha podido operar en gran cantidad de los que ahora son jóvenes votantes, que igualmente incurren en acciones violentas cuando son convocados o provocados por organizaciones de la oposición venezolana (caso La salida –Leopoldo López al frente- promovida por Voluntad Popular en 2014).

Entre los ataques de aquellos días, uno en particular causó mucha indignación y preocupación: el Simoncito (unidad educativa inicial que forma parte de una política de Estado de educación gratuita) que presta servicios en la sede principal del Ministerio del Poder Popular para Vivienda y Hábitat, en Caracas, fue atacado a plena luz del día.

simoncito-mama-rosa

En la unidad, un total de 89 niños y niñas, hijos de trabajadores de dicha institución, cursaban a la fecha sus estudios iniciales. Sus edades comprendían entre los 6 meses y los 3 años. Quizá los más pequeños tendrán la posibilidad de olvidar el episodio, pero los mayores podrían estar creciendo con la normalización de la violencia (la guerra) en sus mentes.

JI

Artículos relacionados