#VTanálisis Las narcoseries como fábrica de nuevos «traquetos»

Estados Unidos, el país de la lucha por la libertad y la democracia, de las luchas contra el terrorismo y el mal; el país de la lucha contra el narcotráfico. Jamás tantos esfuerzos disfrazaron tamaña mentira, pues Estados Unidos es el país que en estos momentos causa mayor opresión, sostiene gobiernos totalitarios, fomenta el terror y la guerra y… por supuesto: consume las más grandes cantidades de droga en el mundo. Siendo así, no es tampoco casual que en su territorio se produzcan los programas que más promueven este flagelo.

Hollywood y sus productos televisivos conforman una industria que ampara y justifica todas las atrocidades que se cometen en nombre de los negocios que prosperan en Estados Unidos, aunque su procedencia sea poco decorosa. Con el reciente boom de las narconovelas, también llamadas narcoseries que produce la industria de la televisión, el objetivo es vender sus programas, lo que ellos promocionan por publicidad y también un estilo de vida.

La gran contradicción

La frontera entre Estados Unidos y México está llena de historias de persecuciones, enfrentamientos e incautaciones de droga. Todo ello figura en la prensa como un logro en materia de lucha contra el narcotráfico. Pero no es un secreto que por cada kilo de cocaína incautado pasan miles hacia el país norteamericano. El periodista Jesús Esquivel, escritor del libro “Narcos Gringos”, dice que «una vez que cruzan la frontera las drogas no se venden solas, no se reparten solas. No es tan fácil como bajar a la frontera, alguien tiene que repartirlas, empaquetarlas, transportarlas«, dice en referencia a los narcotraficantes estadounidenses.

El libro «Los Narcos Gringos» de Jesús Esquivel, decribe cómo se distinguen y cómo operan los narcotraficantes estadounidenses surtidos por la droga de México y Colombia

Mientras la prensa distrae con historias de lucha contra las drogas, otros medios se encargan de hacer que el negocio del narcotráfico sea al menos “pintoresco”. Fernando Gaitán, autor de clásicas telenovelas como “Café con aroma de mujer” o “Yo soy Betty, la fea”, opina sobre las narconovelas lo siguiente: “El narcotráfico ha generado millones de historias sorprendentes, y la TV no las tocaba. Entonces llegaron los gringos y empezaron a contarlas a su manera, hasta que reaccionamos. Pero es un asunto muy delicado: en cada línea, en cada personaje, tenemos que preguntarnos en qué momento el narco puede convertirse en un héroe”.

“Lo que la gente quiere ver”

Esa es la excusa perfecta que tienen los productores y realizadores de este tipo de programas ante la lluvia de críticas por su alto contenido violento y de promoción de antivalores. Colombianos y mexicanos, son los gentilicios más nombrados entre los narcos de estas producciones, por lo que se facilita la creación de una imagen concreta del “héroe” de estos programas. El doctor en sociología colombiano Fabián Sanabria, dice que los canales de televisión presentan estos contenidos porque no generan ofertas alternativas. “¿Por qué no tenemos la suficiente creatividad para ofrecer una programación alternativa? ¿Por qué nos vamos por estos productos que son fáciles de vender y que multiplican a nivel interno y externo?”, se pregunta el catedrático.

Una de las series de mayor éxito de la cadena Telemundo es «El señor de los cielos», que cuenta la historia del narcotraficante mexicano Amado Carrillo Fuentes.

Sanabria opina que el planteamiento de las narconovelas es desesperanzador para la sociedad, ya que contribuye a una deformación de la realidad y a la generación de estereotipos. “Este tipo de productos (narconovelas) contribuyen a crear determinado tipo de estereotipos y a regodearnos en ellos. Si estos productos culturales tuviesen una visión crítica, no necesariamente moralizante, el televidente tendría pistas para ver lo que no se debe ser”.

El periodista mexicano Álvaro Cueva, escribió para el diario Milenio en 2013: “Nosotros  en  México,  y  en  general  en  toda  Latinoamérica,  tenemos  una  relación  muy  diferente  con  nuestros  delincuentes  a  la  que pudieran tener los hombres y las mujeres de otras partes del mundo.  Aquí,  veneramos  a  nuestros  bandoleros,  los  queremos,  los respetamos y no lo hacemos porque seamos estúpidos, porque seamos malos o porque vayamos en contra de la ley. Lo hacemos porque en este rincón del universo hay algo podrido en el sistema  y  nuestros  criminales,  muchas  veces,  han  sido  mejores,  en muchos sentidos, que nuestras mismísimas autoridades”.

El nacimiento de un subgénero

Tan grande ha sido el éxito de las narconovelas que ya han sido catalogadas como un subgénero de la telenovela. Sus características especiales la diferencian radicalmente ya que no muestran la clásica historia de clases sociales y princesas y príncipes que vivieron felices por siempre, sino desgarradoras historias donde la pobreza se supera a través del narcotráfico, la muerte y la violencia extrema. Aunque la telenovela nunca fue un género muy popular en Estados Unidos, productoras radicadas en ese país como Univisión, Telemundo y ahora HBO y Netflix, se dedican a bombardear el mercado latino con estos productos.

Los canales colombianos Caracol TV y RCN tomaron la iniciativa en con ‘La viuda de la mafia’ (2004), ‘Sin tetas no hay paraíso’ (2006), a las que siguieron ‘El Cartel de los Sapos’ (2008), ‘El capo’ (2009), ‘Las muñecas de la mafia’ (2009), ‘Rosario Tijeras’ (2010), ‘Escobar, el patrón del mal’ (2012), ‘La ruta blanca’ (2012), ‘La viuda negra’ (2014). Luego Estados Unidos se sumó a la mina de oro de las narconovelas con las producciones de Telemundo, HBO España y Netflix, entre las que figuran ‘La reina del sur’ (2011), ‘El señor de los cielos’ (2013), ‘Sin senos sí hay paraíso’ (2016), ‘Narcos’ (2015), ‘Suburra: Sangre sobre Roma’ (2017), ‘El Chapo’ (2017) y ‘Narcos: México’ (2018).

Los nuevos «traquetos»

El bombardeo de este tipo de programas es tal, que a juicio del sociólogo Fabián Sanabria, los estereotipos ya están siendo copiados por la juventud. “¿Qué podrán seguir nuestros jóvenes? Esto incide en la estética también de muchos de los que ven este tipo de programas al punto de que en Colombia prima una estética “traqueta” (persona relacionada directamente con el tráfico de sustancias ilegales) que se ve desde el cuerpo mismo de las personas donde vemos hombres bajitos y maleantes enamorados de mujeres operadas altísimas y delgadas de 90-60-90. Esto tiene que ver también con las camionetas 4×4, los gustos estrambóticos y otros comportamientos ramplones que se difunden en estos programas a través de los medios de comunicación”, opina el experto.

La amplia difusión de narcoseries ha creado una forma de vestir que han llamado la «narcomoda»

Sugiere Sanabria que de la imitación de estos estereotipos físicos, es muy fácil pasar a la actuación delictiva, dado el atractivo con el que estos programas dibujan la vida de estos maleantes. “Cuando no nos reconocemos en la grandeza, sino en la miseria pues evidentemente nos regodeamos en ella y corremos el riesgo de ser tan ramplones”.

Randolph Borges/VTactual.com

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