#Entrevista Gerónimo Pérez Rescaniere: ¿Por qué a Venezuela se le dificulta recuperar el Esequibo? Parte I

#Entrevista Gerónimo Pérez Rescaniere: ¿Por qué Venezuela no consolida la recuperación del Esequibo? Parte I

La historia del Esequibo no resulta fácil de contar en unas líneas, mucho ha pasado desde que en 1899, en un laudo arbitral nulo e írrito, un pequeño comité de países decidiera el destino de aquel territorio venezolano.

Si bien es cierto que hoy resulta apetecible por sus riquezas minerales y vegetales, hecho demostrado por la insistente incursión, con la venia guyanesa, de transnacionales estadounidenses, también es cierto que su valor (desde antaño) radica “peligrosamente” en la cercanía con el río Orinoco, cuyo caudal, muy bien administrado y explotado, podría unir al norte de Suramérica con el Río de la Plata, en Argentina, a través de su conexión, natural o artificial, con otros afluentes de la propia Venezuela, de Brasil, de Paraguay y de Uruguay.

#Entrevista Gerónimo Pérez Rescaniere: ¿Por qué Venezuela no consolida la recuperación del Esequibo? Parte I
/ Foto: Cortesía

Así justamente lo explica el historiador Gerónimo Pérez Rescaniere, quien refiere que Inglaterra ingresó a la zona con la toma de control de la isla de Trinidad (1797), y en tierra firme, al posesionarse de la llamada Guayana Británica, un pequeño trecho de tierra al este del río Esequibo, negociada con los holandeses, desde 1796.

Para este experto, éste es el punto de partida de una serie de aspiraciones imperiales en la zona, porque quien controlare el Orinoco, lo haría del comercio, del desarrollo y de cuantiosas ganancias en el subcontinente, a lo largo de estas ramificaciones fluviales extendidas de norte a sur.

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Control y expansionismo

A Washington le encantó la idea de hacerse del control y, si bien no lo ha logrado en el aspecto territorial, no le ha ido mal en lo político y bajo el uso de la fuerza, desde que inició su periplo expansionista, a partir de las trece pequeñas colonias originales (en conjunto no más grandes que el Perú actual) en la costa oeste, pasando por la compra de la Luisiana francesa hace casi 220 años.

Ya por esas fechas tenía el plan de conectar el río Mississippi con el Caribe y, al saber de la posibilidad de llegar hasta el estuario argentino, según la idea inglesa, decidió que era la ocasión de entrar en la jugada expansionista no sólo hacia la costa oeste norteamericana, sino hacia el sur del continente.

–De hecho, ya existe una primera parte activa de ese proyecto, en pleno funcionamiento. Se trata de la unión de los ríos Illinois y Mississippi, que ha generado cuantiosa riqueza a EE.UU. a través de su curso.

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/ Foto: Cortesía

Para ello, había que empezar por avanzar. Surgió el proyecto de Panamá, la escisión de Colombia, la construcción del canal, seguir más al sur, apoderarse del territorio circundante al Orinoco. Allí es donde Washington tiene su primer choque con Inglaterra en 1849.

Y aunque el apoderamiento “gringo” no ha podido concretarse desde el siglo XIX, las pretensiones continúan intactas y parece que mucho más en la administración de #DonaldTrump, refiere Pérez Rescaniere.

La competencia más grande del mundo

En la época colonial, la competencia más grande del mundo se trazó entre EE.UU. y Gran Bretaña, estuvo presente en la época de la independencia estadounidense, a lo largo de la década de 1820, en pleno apogeo de la independencia venezolana gran colombiana –por algo Bolívar siempre se inclinó por una alianza con Inglaterra para frenar el expansionismo de los Estados Unidos.

Desde 1849 las dos potencias estaban enfrentadas en la boca del Orinoco, en Panamá o Nicaragua, y se formula dentro de Estados Unidos la Doctrina Monroe, antibritánica, la de América para los norteamericanos, por cuanto la nación europea cercenaba el ansia expansionista estadounidense.

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En la época, Inglaterra era toda una potencia militar y todavía tronaba y generaba miedo en el nuevo mundo, incluso entre los norteamericanos recién independizados. Al notar que se les quería expulsar del continente, los británicos lanzaron una advertencia: “Destruiremos EE.UU., conquistaremos Cuba, nos aliaremos con Simón Bolívar, lucharemos contra lo que quede de EE.UU en toda América y controlaremos México, aliados con Rusia (que administraba Alaska)”.

Inmediatamente, debates y reflexiones mediante, surge una época de conciliación con Londres y así, la doctrina Monroe original pasó por una corrección: “América para los americanos y los británicos en condominio”. Así se dejó intacta la Guayana Británica, Jamaica, Belize y hasta las Malvinas, que si bien aún no eran británicas, iban camino a serlo.

–Desde entonces, la alianza norteamericana con Gran Bretaña ha funcionado y dominado al continente, lo han explotado, se han dado banquete, han saqueado y robado y atropellado de todas las maneras, pero juntos –condensa el historiador.

Resquemores y nuevas aspiraciones

Ello no quiere decir que no haya habido resquemores y la situación de Malvinas resultó un ejemplo. Inicialmente, Ronald Reagan se alió con el gobierno austral para expulsar a los británicos de las islas, para lo que contaban con el apoyo venezolano (Luis Herrera Campins).

–De pronto la ‘Dama de Hierro’ llamó al presidente de Estados Unidos, le recordó su antigua alianza y le hizo nuevas amenazas, por lo que Washington dejó a Buenos Aires sola en su guerra contra Margaret Tatcher, y a Caracas se le castigó por rebelde con la devaluación del bolívar y otras medidas económicas –relató Pérez Rescaniere.

En tiempos de #DonaldTrump resurgen las aspiraciones estadounidenses de expulsar a Gran Bretaña del Esequibo, que aunque salió del lugar en los 60, en la práctica sigue muy presente allí, y proseguir su canal Illinois-Mississippi-Caribe-Orinoco-Río de la Plata.

–¿Qué ganaría EE.UU. de lograr su cometido?

–El proyecto es de tal magnitud, esa vía de negocios sería tan prospera y poderosa que, de concretarse, en unos 30 o 40 años, América del Sur sería parte de los EE.UU. y no habría manera de corregirlo, porque el poder económico de una vía semejante nos sometería para siempre. Eso se llama anexionismo, de la América española a la Norteamérica anglófona. Una anexión territorial derivada de una realidad económica –asegura Pérez Rescaniere.

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Idea poco difundida

Esta idea no es nueva pero sí muy poco difundida. De hecho, ya la planteó el experto en su obra “De Cristóbal Colón a Hugo Chávez Frías”, un compendio histórico-analítico venezolano y regional que vio la luz en 2011 y en el que documenta que Venezuela siempre se ha hallado en medio de los anhelos de dos imperios y que resulta muy ingenuo pensar que el estadounidense sea el único en nuestros días.

Pese a su pérdida de influencia global, el británico sigue latiendo fuerte y el asunto de Las Malvinas fue sólo una probadita, apenas el pico de un iceberg.

Esequibo cuesta arriba

Basado en este parámetro, podría explicarse por qué resulta cuesta arriba –en la opinión de este estudioso- que Venezuela recupere en el corto o mediano plazo su jurisdicción en la Guayana Esequiba, y por qué se comete un error confrontando al imperialismo inglés, cuando ello abre las puertas al avance estadounidense.

No es la mera toma del control económico-comercial –pensarlo sería otra ingenuidad venezolana, advierte Pérez Rescaniere- porque para EE.UU. el avance sería territorial, es decir, la posesión del conjunto físico que se halla entre el Orinoco hasta el espacio geográfico del Esequibo, la plataforma marítima atlántica y más al sur hasta la desembocadura del Mar del Plata.

Por ello, en estos tiempos, no resulta extraño el interés y la saña con que tratan a Venezuela, porque del aislamiento internacional al que pretenden someterla, podría surgir la fragmentación territorial, el expolio de sus riquezas y la concreción de los viejos planes.

No es casual lo que ocurre con Pdvsa, con el oro en Londres, ni la hostilidad de Guyana. Y de lo que podría asirse Venezuela para superar este difícil momento es del fortalecimiento de la relación con sus aliados China, Rusia e Irán, que también han volteado la mirada a Suramérica, aunque no con la intención de apropiarse de lo ajeno, sino de construir relaciones fructíferas para todas las partes.

Francisco J. Figuera /VTactual.com

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