#VTactualCrianza Niños influencers: la explotación infantil viralizada

Desde Michael Jackson, pasando por las hermanas Olsen o el destino perturbador de muchas de las niñas Disney, la industria del entretenimiento ha dejado testimonio sobre los riesgos que una infancia robada puede causar en la vida de una persona. La temprana llegada de la fama, las responsabilidades y los horarios inmanejables para las criaturas, acarrea traumas que no siempre conducen a un final feliz.

Lo expuesto sirve para resaltar que la temprana introducción de niños al complejo mundo del entretenimiento a través de los mass media, no tiene nada de novedoso, pero en los últimos años la exposición de menores a las redes sociales, reality shows y contenidos multimedia, ha traído un nuevo tipo de explotación infantil de consecuencias impredecibles.

La traumática infancia del rey del pop, Michael Jackson, le trajo consecuencias tormentosas al final de una carrera llena de éxitos

Los niños de los «reality»

Con la llegada del siglo XXI la industria de la televisión en su afán por captar enormes audiencias con la menor inversión posible, nos trajo los reality shows, espacios en los que el televidente era consciente de estar presenciando la intimidad de otras personas a través de lo que las cámaras le mostraban. En ese primer momento los programas de ese tipo estaban dirigidos a un público adulto, que era relativamente consciente de los contenidos que estaba consumiendo.

Pero con la continua exploración de este tipo de programas a los expertos televisivos se les ocurrió incluir a los niños en los reality. Así llegaron programas de concursos musicales, artísticos, pruebas de conocimiento y otros mucho más polémicos que obligaban a niños obesos a bajar de peso o los exponían a situaciones extremas sin la intervención de adultos. Detrás de esta espectacularidad en la pantalla chica, floreció otro tipo de explotación infantil, en la que padres, productores y ejecutivos de las cadenas televisivas, se hicieron un buen dinero a expensas de los traumas de esos niños.

El programa Kid Nation fue duramente cuestionado por la explotación infantil en beneficio de padres de los niños y productores del espacio

Uno de los casos más escandalosos sobre los reality shows infantiles fue el del programa Kid Nation, producido por la cadena estadounidense CBS y transmitido en 2007. En él, niños entre 8 y 15 años debían cocinar su propia comida, limpiar todo el lugar, luchar por agua y sustento y manejar dinero para ser eliminados de la peor manera. Organizaciones de padres y educadores acusaron al programa de explotación infantil, ya que por la participación de los niños en estas pruebas extremas, sus padres recibían importantes sumas de dinero, que aumentaba si el niño era favorecido con el voto del público y si pasaban a etapas superiores.

Los padres de los «niños reality» suelen disfrutar de jugosos beneficios económicos, además de gozar por extensión de la fama que ganan sus hijos y toda la exposición pública que ello conlleva. Difícilmente podrá separarse una acción de este tipo del concepto más difundido de explotación infantil.

Infancia perdida no se recupera

Que la exposición de niños con permiso de sus padres al mundo del espectáculo deba ser tomada como explotación infantil, es un tema de profunda discusión. Más allá de un debate ético sobre el asunto, hay aspectos de carácter fisiológico y psicológico que no se pueden pasar por alto. La infancia es la etapa más corta en la vida de un humano promedio, y de ella depende todo lo que seremos en adelante.

Los niños influencers pierden tiempo insustituible de su infancia en actividades que no son apropiadas a su edad

Junto a la fama y el dinero llegan incontables horas de trabajo, de ensayo, de compromisos publicitarios, entrevistas y cualquier actividad que se le ocurra a los «cerebros» detrás de estas pequeñas estrellas, que apartan a los niños y adolescentes de su normal desarrollo entre amigos, estudios y la necesaria recreación, para dedicarse a un negocio ajeno a sus demandas naturales. Además con ello llega un prejuicio que sin querer arropa la identidad de estas personas, que es la de ser catalogados como «fenómenos» sobresalientes de entre sus iguales, lo que a futuro se paga con aislamiento social, depresión y vicios.

Pero el principal motor que impulsa a esos niños a ese mundo inhóspito para ellos, son sus mismos padres, quienes llevados por la necesidad de exhibir los «súper talentos» de sus hijos, sacarles provecho económico y cubrir así sus propias necesidades, permiten que esta nueva forma de explotación infantil se convierta en un patrón que hoy es un modelo muy seguido en la sociedad occidental.

Ser padres: divino tesoro

La llamada generación alfa es la nacida desde el año 2010 hasta nuestros días. Es la que nació en un mundo completamente digital y el Internet y sus ventajas, no les son ajenas. Desde temprana edad muchos de estos aventajados jovencitos ya dominan redes sociales y se puede decir que están en la industria del mercadeo y protagonizan un negocio bastante lucrativo para sus padres: influencers infantiles.

Según la revista de negocios estadounidense Fast Company, un niño influencer es una mina de oro que puede ganar hasta 100 $ por publicación por cada 1000 seguidores en sus redes. Si uno de estos niños llega a tener 700 mil seguidores (caso común), estaría ganando unos 7 mil dólares por cada publicación. En las redes nos topamos con niños que juegan frente a la cámara, que «reflexionan» sobre sus gustos, que modelan ropa, dibujan y hacen pequeños realitys con sus hermanitos. Ninguno pasa de los 10 años y pueden tener hasta 18 millones de seguidores. Marcas de ropa y calzado los patrocinan mientras sus padres sacan ventaja de ese estilo de vida por el que nadie les preguntó si querían llevar.

Randolph Borges/VTactual.com

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