El “Chino” Valera Mora en una antología ilustrada para poner la Cabeza en la almohada

Esta compilación reúne los más explosivos poemas de Víctor Valera Mora acompañados de las ilustraciones de Arturo Mariño, aquí el poeta trujillano alza su voz nuevamente en las páginas del mundo editorial venezolano con su fuerza de lucha y la búsqueda del sentido de la vida.

El Chino, como lo llamaban sus amigos, fue sociólogo de la UCV, vivió en Europa algunos años y fue miembro del Partido Comunista. Puesto en prisión durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez a finales de 1957. Formó parte de la Pandilla de Lautréamont junto a Luis Camilo Guevara, Mario Abreu, Pepe Barroeta y Caupolicán Ovalles.

El Chino representa para los venezolanos una bandera de la lucha por un mundo mejor

En sus poemas se respira la atmósfera de su época, así como también, elementos que permiten hacer una composición de su personalidad, matices como la ironía y lo profano revelan un espíritu en plena rebeldía contra la injusticia. En su poema “Manifiesto” podemos ver un autorretrato del Chino:

Nací de parto bravo

y vivo sin dolerle a nadie.

Mi padre era obrero,

lo mató una tuberculosis pulmonar

cuando yo siendo niño, iniciaba

mi rojo andar del río a los caminos.

Mi madre desde muy pequeñita

es un asunto de naranjos y cereales.

Poeta militante del Partido del hombre,

no vine a esta tierra a contar

cuentos contados.

Sino a cantar con mis anchas espaldas,

a despellejarme en consignas.

Camino por las calles como me da la gana,

saludo a todos los que sonríen

con las manos al viento

y no me detengo,

porque no hay tiempo ni para morir.

Ignoro todo

y creo solamente en el modo

que adopta el latido.

Bien vale explicar de nuevo.

Señores,

soy poco acostumbrado a llorar

y cuando sucede,

me llora hasta el pelo y la camisa.

No es mi deseo dar pie

para que los ríos guarden un minuto

de silencio por mi tristeza.

Por eso no vengo a pedir nada

para esta sed y este ojo derecho.

Pero sí, a reclamar lo que me corresponde

como piel y relincho:

Dejad que mi mujer ría honestamente.

Dejad que los novios tiendan sus hogueras,

sus latidos, sus sábanas comunes.

Y os prometo, que asistiremos todos

al derrumbamiento definitivo de las catedrales y la injuria.

Con la solvencia de los pequeños vegetales

decid donde leen los niños,

que la lluvia es incapaz de quebrarle

el corazón a nadie.

Por favor, decidle,

es de urgencia para sus sienes escolares

que en los paredones de las almas malditas

no se repita el fusilamiento de la ternura.

Yo pido a voz y puños,

que los únicos oradores públicos

sean los panes recién salidos del horno,

porque no es justo que los obreros vivan

desayunando saludos solamente.

Por último, por doblemente triste,

dejad de hablar en vida eterna.

Porque alguien

a quien aún conocíamos,

en este mismo instante

estira sus huesos para siempre.

Miyó Vestrini refirió que el Chino: “Empuñaba la poesía como un fusil, porque pensaba que la revolución, cualquier revolución, debía hacerse en nombre de los poetas”.

Desde Venezuela Times ofrecemos esta bella antología, un libro digital de la Editorial El perro y la rana para disfrutar con la Cabeza en la almohada.

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