#Análisis Abandono infantil: un abuso silencioso

Jorge tiene 9 años y nació el mismo día en que su mamá cumplió 15. Desde que llegó al mundo vive con sus abuelos paternos. Cada cierto tiempo aparece su mamá y se lo lleva a vivir con ella. A las pocas semanas de convivencia lo regresa porque “no lo puede tener”. Una vez ella lo dejó en el colegio con una maleta con toda su ropa y le entregó “un papel” al director. Esa tarde lo recogieron sus abuelos. Al día siguiente lo tuvieron que hospitalizar con una fiebre reumática.

Así como Jorge, miles de niños son “peloteados” de un cuidador (padres) a otro (abuelos, tíos, amistades…) dentro de un círculo vicioso que se inserta dentro del Abandono Infantil: una actividad descrita por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como una forma de maltrato a menores  que afecta el desarrollo psicosocial de los niños y niñas, pudiendo provocarles heridas difíciles de sanar.

El orden de los factores no altera el producto

De acuerdo con el abogado y profesor universitario, Julio Romero, la situación antes descrita se inserta en lo que jurídicamente se conoce como “niños separados y no acompañados», “niños en cuidado de terceros” o “niños dejados atrás”. Esto puede suceder por varias razones, como por ejemplo: la migración, los problemas económicos o, inclusive, desastres naturales por mencionar algunos.

Por su parte, la psicóloga y profesora universitaria, Carmen Liliana Cubillos, añade que además de las variables antes mencionadas, esta la falta de consciencia de los padres sobre lo que es tener un niño, sus necesidades y las funciones parentales. Añade que, en Venezuela, ocurre un fenómeno de larga data como lo es el embarazo temprano, el cual ya es un problema de salud pública:

“Esto (el abandono) pudiera deberse a la influencia que ejerce la transmisión intergeneracional en el embarazo precoz: niñas de 12 años con bebes, cuyas abuelas tienen 24-25 años. El abandono del bebé por parte de la adolescente, ya sea transitorio o definitivo, tiene que ver con los modelos parentales de los responsables del/os menor/es (madre adolescente, los cuales han sido igual de inapropiados). Frecuentemente, los niños conviven con sus abuelas, quienes los aceptan por obligación, porque se sienten culpables porque sus hijas repitieron el modelo de embarazo precoz, o porque perciben que el niño está en riesgo si se va con la madre. Indistintamente del motivo, muchas de estas abuelas tienden a repetir el modelo de crianza negligente con el nieto y, si la madre vuelve, el niño espera que el trato sea distinto, más afectuoso, más estable, más protector. Pero, el ciclo se repite”.

Carmen Liliana Cubillos: las secuelas del abandono son multidimensionales

Carmen Liliana Cubillos explica que los efectos del abandono de los padres o tutores oscilan desde los biológicos hasta los psicológicos, sociales y culturales.

La psicóloga y profesora universitaria Carmen Liliana Cubillos

En lo neurológico, el cerebelo modula la producción de dos neurotransmisores: la noradrenalina y la dopamina. Ambas hormonas se encuentran anormalmente aumentadas en los niños abandonados, carentes de afecto y cuidado, lo que pudiera explicar la hiperactividad, los comportamientos violentos que estos niños presentan y las adicciones futuras en el periodo adolescente. Asimismo, la ausencia de contacto y la falta de cuidados hacen que el cerebro produzca más adrenalina, lo que también predispone a conductas más activas y agresivas.

Esta condición se traduciría en:

  • Comportamiento antisocial durante la infancia: conductas intimidatorias, violencia, agresividad, falta de destrezas para aprender de experiencias sociales (límites, normas, restricciones). Algunos niños pueden carecer del sentido de arrepentimiento, vergüenza o culpa frente a conductas dañinas hacia los otros. Es frecuente una conducta de amedrentamiento, fuga, testarudez.
  • Comportamiento de apego no selectivo: El niño/ña puede mostrarse simpático y confiado hacia desconocidos. No es capaz de distinguir emocionalmente entre personas familiares y no familiares. Presenta comportamiento afectivo inmaduro (propios de niños muy pequeños).

“En resumen, el problema principal es que el niño /ña está incapacitado para desarrollar relaciones mutuas con los otros de forma cariñosa y atenta. Las competencias sociales están muy comprometidas y otros aspectos de su vida se verán muy afectados, tales como los juegos, el aprendizaje, tener amigos, más adelante, formar pareja y una familia”.

Al preguntarle a esta especialista sobre el impacto que ejercen en los infantes las constantes mudanzas y cambios de escuela explica que los efectos pudieran variar, dependiendo de los motivos que apoyan esos cambios:

“En general, puede causarles a los niños mucha inestabilidad, inseguridad e incertidumbre. Los cambios de residencia no les permitirían sentirse en un lugar seguro. Los frecuentes procesos de adaptación a la escuela, por ejemplo, pueden incidir en su desempeño académico, acarreándoles retrasos en las asignaturas, falta de hábitos de trabajo. También, pudiera traerles duelos por los amigos que dejan y dificultad para reanudar relaciones con otros”.

Julio Romero: la “rotación permanente” atenta contra Doctrina Internacional del Interés Superior del Niño

El abogado y profesor universitario Julio Romero

Este profesional del Derecho asegura que la ausencia de padres o de un núcleo familiar estable coloca en una mayor vulnerabilidad a los infantes, ya que su lugar natural debe ser un núcleo familiar sólido, razón por la cual el hecho de que los mismos se encuentren en una situación de cuido en manos de familiares o amigos de manera rotativa e inestable termina afectando su derecho a un ambiente sano y su derecho a la familia, situación que contraviene la Doctrina Internacional del Interés Superior del Niño.

Se trata de un principio consagrado en los instrumentos internacionales más relevantes sobre la niñez, como la Declaración de los Derechos del Niño y la Convención sobre los Derechos del Niño. En el ámbito nacional puede ser apreciado en la Ley Orgánica de Protección de Niños, Niñas y Adolescentes (LOPNNA). Se puede definir como toda acción direccionada a garantizar los derechos de los niños y niñas, es decir que cuando se tome alguna decisión se debe pensar en lo que sea mejor para ellos.

“En cuanto al interés superior del niño está estipulado en el artículo 8 de la Ley Orgánica de Protección de Niños, Niñas y Adolescentes. También hay un desarrollo jurisprudencial amplio emanado del Tribunal Supremo de Justicia. En cuanto a una situación de rotación permanente en distintos hogares, partiendo que la LOPNNA establece el derecho de los niños y niñas a conocer a sus padres y ser cuidados por ellos en cuanto no atenten contra el interés superior del niño. Este derecho así como el resto debe ser garantizado por el Estado y es por esta razón que este texto normativo establece un desarrollo procedimental en el cual la autoridad competente pueda evaluar un caso de estas características y determinar el mejor lugar para un niño. Ahora bien, si se da un abandono a niños o niñas, el código penal establece penas de prisión”, asegura Romero.

Por tal razón, el Estado puede retirarle la guarda y custodia del menor a los padres negligentes. Para ello la Ley establece dos modalidades: la colocación familiar o en una entidad de atención. Ambas son temporales, hasta que un  tribunal decida el destino permanente de un niño o niña.

Julio Romero advierte que las llamadas casas de abrigo – o lo que también se llama sistema institucional de atención a los niños y niñas – tienen problemas de capacidad. Esto implica que una familia sustitutiva, también prevista en la ley, es una opción viable de cuidado hasta que se resuelva la situación que obligó al niño o niña a estar fuera de su familia de origen.

El Estado, la familia y la sociedad somos corresponsables

Romero explica que el principio de corresponsabilidad está previsto en la CRBV. Igualmente, la LOPNNA en sus artículos iniciales establece que el Estado, la familia y la sociedad son corresponsables en la defensa y garantía de los derechos de la infancia por lo que enfatiza que “ninguna persona puede permanecer indolente y silente ante una situación que afecte el interés superior del niño, todos somos corresponsables en la salvaguarda de una infancia libre de cualquier forma de abuso”.

En cuanto a los casos de que el infante carezca de progenitores o se encuentre separado de ellos, la LOPNNA establece que si alguna persona tiene conocimiento de esta situación deberá notificarlo al Consejo de Protección.

Para denunciar los casos de abandono se puede acudir al Consejo de Protección del municipio correspondiente y en las situaciones de abandono previstas en el código penal se puede acudir al órgano de investigación  Cuerpo de Investigaciones Científicas Penales y Criminalísticas (CICPC) o al Ministerio Público.

Mientras que la psicóloga Carmen Liliana Cubillos recomienda que una vez tomadas las medidas de protección al menor abandonado se debe hacer una evaluación psicológica tanto de sus familiares como de sus tutores: “Es fundamental saber si cumplen con el perfil de cuidadores pacientes, tolerantes, amorosos y respetuosos”. Posteriormente se debe seguir una terapia individual y familiar con un equipo multidisciplinario.

También invita a reflexionar sobre la concepción que se tiene del niño y la infancia – sobre todo las falsas creencias, mitos y realidades – para así darle a estos niños el lugar de sujeto de derechos, que necesitan ser protegidos y amparados.

Enza García Margarit/VTactual.com

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