¿Cómo la derecha venezolana ha ganado terreno en los barrios populares?

¿Cómo la derecha venezolana ha ganado terreno en los barrios populares?

Para nadie es secreto que la mayor fuerza del chavismo emerge de las barriadas populares. Históricamente, pobladores de estas zonas han representado la mayoría que inclinó la balanza a favor de esta tendencia en 18 de 20 elecciones a la fecha.

La importancia de estos sectores fue entendida por los partidos y fuerzas políticas de la oposición venezolana como el terreno definitorio. De allí que hayan focalizado sus esfuerzos de captación en los barrios, algo que se hizo evidente en las elecciones de 2015, que les valieron la obtención de la mayoría de escaños en la Asamblea Nacional.

En ese momento, el chavismo perdió en las urnas zonas en la parroquia 23 de Enero (Caracas). Donde en las parlamentarias de 2010 Robert Serra se llevó el 61,08 % de los votos, su madre, Zulay Aguirre, sólo obtuvo un 48,42 % en 2015, que no alcanzó frente a Jorge Millán (48,87 %), adjudicado por la Mesa de la Unidad Democrática. Por voto lista, el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) se llevó apenas el 44,80 % en 2015, mientras que cinco años antes tuvo 61,10 % de los votos.

En la misma parroquia caraqueña, para las elecciones presidenciales de 2013 el entonces candidato Nicolás Maduro obtuvo 62,52 %, mientras que Henrique Capriles llegó apenas al 36,88 %. Esto en unas elecciones que se definieron por menos de un punto porcentual.

Estos ejemplos sólo muestran el cambio radical en cuanto a la tendencia electoral de una parroquia popular que históricamente ha apoyado al chavismo, pero, ¿cómo ha logrado la oposición dar ese vuelco en tan poco tiempo?

Fuentes que prefieren el anonimato, procedentes de dicha zona, además de La Pastora y Catia, coinciden en que la derecha se ha estado camuflando con el chavismo: discursivamente, pretenden una mayor cercanía con los habitantes del barrio, se han “lavado” la cara con figuras nuevas, hacen actividades que el chavismo ha abarcado los últimos años, como torneos deportivos, reparación en canchas y demás instalaciones, actos culturales.

Igualmente, realizan con bastante frecuencia asambleas de calle como las que tienen mucho tiempo haciendo en las zonas de clase media. Allí escuchan, o por lo menos pretenden hacerlo, las necesidades e inquietudes de sus votantes.

Sin embargo, también se habla de algo más grave: la promoción de bandas delictivas, el suministro de armas a grupos de choque y la captación por medio del acceso a diversos tipos de drogas.

Esto, lamentablemente, no sería una novedad, si partimos del hecho de que la fracción que más ha ido ganando espacios es la de Voluntad Popular, que durante las guarimbas de 2014 proveía dinero, armamento y sustancias ilícitas que fueron halladas en campamentos de guarimberos en distintos lugares del país.

Además, la tolda que dirige aún desde la cárcel Leopoldo López (principal movilizador de la violencia opositora en el país), tiene un claro enfoque hacia la juventud, población que según sondeos no oficiales es también mayoritariamente opositora en la actualidad.

Con ese escenario, es claro que las fuerzas políticas del chavismo están llamadas a recuperar la confianza en dichos sectores, que representan la base más sólida de su población votante y de sus militantes. De lo contrario, los partidos de la derecha seguirían ganando terreno, de cara a las próximas elecciones regionales y las presidenciales previstas para 2018.

Además, se corre el riesgo de perder algo más que la fuerza electoral, y es el accionar político, productivo, transformador que está latente en las barriadas del país, y que permitieron que la Revolución Bolivariana avanzara en aspectos sociales de los más diversos.

JI

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