La candidatura de Lula sigue en pie: algunas claves del caso

«Si yo aceptara la idea de no ser candidato, estaría asumiendo que cometí un delito, y no cometí ninguno».

Así explica el expresidente y candidato presidencial Luiz Inácio “Lula” Da Silva su decisión de presentarse a las elecciones presidenciales de Brasil, y mantener esa postulación,  incluso tras las rejas en Curitiba, donde cumple ya más de un mes recluido.

Tanto él, como el Partido de los Trabajadores (PT), han ya confirmado que su candidatura se mantendrá hasta el final, amparándose en la facultad legal que tiene el candidato, de hacer campaña incluso hasta el 17 de septiembre, fecha límite para que el Tribunal Superior Electoral de Brasil, dictamine si avala o no la inclusión de Lula en el proceso de votaciones.

Antes de eso, el PT tendrá que inscribirlo, algo que debe suceder en agosto, por ley. “El nombre de Lula estará allí (…) Lula seguirá siendo nuestro candidato, encarcelado o no«, dijo en abril pasado Alexandre Padilha, vicepresidente de formación del PT.

Las circunstancias de Lula de cara a una hipotética elección son confusas, pero no son del todo desfavorables: aún estando preso puede, no sólo ser candidato a la Presidencia, sino que tiene oportunidades de ganar.

Las más recientes encuestas le atribuyen más del 30% de la intención de voto de los brasileros, doblando a Jair Bolsonaro, exmilitar de ultraderecha, que con apenas un 15% se ubica de segundo en los sondeos de opinión. Y todo esto teniendo más de un mes aislado en prisión.

La popularidad de Lula crece día a día, ubicándolo de primera intención de voto

Perspectivas legales y posibilidades

Si bien el máximo tribunal electoral de la nación amazónica, puede vetar la candidatura de Lula, basándose en la llamada Ley de Ficha Limpia, que establece la inelegibilidad para cargos públicos de personas condenadas en segunda instancia judicial, ese proceso no es inmediato.

Es decir, el TSE se tomará su tiempo para emitir tal dictamen, algo que no suele ser expedito, según reconocen juristas locales: entre 20 y 25 días podría ser el plazo, teniendo como tope la mencionada fecha de septiembre, ya que habrá alegatos de parte y parte.

Pero una vez conocida la decisión, en caso de ser contraria a la postulación, el PT y Lula podrían apelar al Tribunal Supremo Federal del Brasil, lo que alargaría aún más los tiempos y podría hacer posible un escenario de Lula ganando las elecciones tras las rejas, pues hasta que no se emita una orden final, él podrá mantener no sólo su campaña sino su nombre en la lista para la elección.

La campaña comenzará oficialmente a mediados del mes de agosto, dos meses antes de las elecciones, previstas para octubre del presente año. De aquí a allá, no obstante, el nombre de Lula pareciera tener la tendencia a mantenerse liderando la intención de voto, como lo viene haciendo desde el pasado año.

Teniendo más de un mes preso, Luiz Inácio «Lula» Da Silva continúa al frente en las encuestas por la Presidencia de Brasil.

La hora de la verdad

Pero, ¿qué pasará si gana y luego la decisión del Tribunal es la de revertir su candidatura? En ese caso, hay dos posibilidades: si se toma tal determinación estando en segunda vuelta, habiendo quedado Lula entre los dos primeros, el tercero en la carrera tomaría el lugar del exobrero metalúrgico y los votos que haya recibido este serían anulados.

El segundo escenario se da en caso de que no haya decisión antes de esa segunda vuelta y Lula resulte vencedor con la mayoría de las voluntades del pueblo brasilero: todavía el Tribunal podría retirar su candidatura, así haya ganado. Y siendo ese el caso, el presidente de la Cámara de Diputados asumiría la Presidencia de manera transitoria. Sería el equivalente a un nuevo golpe parlamentario, pero dictado desde la “Justicia” de Brasil.

Claro, ese nuevo presidente interino, a día de hoy Rodrigo Maia, un economista del partido Demócratas (centroderecha) que ascendió a la presidencia de la Cámara tras el golpe parlamentario contra Dilma Rousseff y el paso de Michel Temer al principal cargo del país.

Rodrigo Maia se haría cargo de la presidencia con la obligación de convocar elecciones en un lapso de 90 días.

«No será el PT quien haga renunciar a Lula a la candidatura». Alexandre Padilha y la dirigente del partido han sido insistentes en este aspecto, a pesar del panorama en contra que tienen en su carrera por la presidencia de Brasil.

Su candidato, y el de la mayoría de la población según las propias encuestas, ha reiterado que no puede declinar su intención de presentarse a las elecciones porque eso sería equivalente a reconocer un crimen que no cometió.

Las cartas de parte del expresidente y el Partido de los Trabajadores ya están echadas, el siguiente movimiento llegará cuando la fecha de postulaciones los empuje a hacerlo oficial: ¿mantendrán esa postura hasta el final?

Así lo han dicho, de momento, y en ese caso la pelota pasará a la cancha de las instancias legales de la nación suramericana, que todavía tienen a cuestas lo que hicieron a Rousseff en 2016, y el consecuente y cada vez mayor rechazo a lo que salió de eso: un gobierno nada legítimo para los suyos, el de Michel Temer.

JI

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