El caso #AmandaFake o cómo cualquiera puede ser víctima de las noticias falsas

La situación política y social en Venezuela es delicada. Sin embargo, a los que defienden una supuesta democracia perdida, como el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA) Luis Almagro, les importa poco y prefieren seguir echando leña al fuego, aunque sea de la mala.

Un ejemplo de ello es el caso de la periodista Amanda Umek, famosa por publicar un video del constituyentista Roberto Messutti en la playa, quien montó una historia que incluía amenazas y secuestro para presuntamente obtener la visa americana.

El caso, que movilizó al Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa, periodistas como Carla Angola (quien más tarde aseguró que Umek se encontraba bien y en suelo mexicano), medios criollos como El Nacional, el Universal e internacionales como El comercio de Perú, se convirtió en la burla de miles de internautas que calificaron a la otrora víctima como irresponsable, inconsciente y aprovechada, por intentar capitalizar la situación a su favor.

Esta no es la primera vez que una noticia falsa levanta polvo y genera caos. Uno de los casos más tristes de esta estrategia es lo sucedido en Irak, país que Estados Unidos invadió y destruyó luego de asegurar que la nación desarrollaba armas químicas de destrucción masiva.

Se trata de todo un laboratorio con sede en Whashington, que hace más de una década -y aprovechando el poder de Internet y las redes sociales- se percató de lo fácil que era engañar a los ciudadanos para manipular la opinión pública y garantizar el apoyo a ciertas decisiones que en otra situación hubiesen generado el rechazo de la comunidad internacional.

En Venezuela la implementación de las noticias falsas para crear polémica nació casi al mismo tiempo que la Revolución Bolivariana. Desde bombillos espías, pasando por el programa nuclear secreto de Hugo Chávez hasta llegar a las diferentes formas de tortura que supuestamente aplica el gobierno de Nicolás Maduro contra la oposición, todas y cada una de las fake news han tenido un propósito de acuerdo con la época en la que se produjeron.

La mayoría de las veces el objetivo ha sido desprestigiar al Ejecutivo, en la actualidad la meta es mucho más ambiciosa.

ARG

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