#Análisis En EE.UU. ser inmigrante conviene al mejor postor

La enorme masa laboral que sostiene los cimientos de la economía norteamericana, conformada en su mayoría por población inmigrante, mucha de ella en condición ilegal, no solo no tiene precio, literalmente no vale nada.

Es la síntesis de una manera brutal de entender las relaciones humanas: tanto tienes, tanto vales, como ordena la doctrina de la «aporofobia» que no es sino el miedo y rechazo hacia la pobreza, lo que en Estados Unidos es norma por un asuntos de supremacía.

En abril pasado, el gobernador de California, Gavin Newsom, luego de anunciar la creación de un fondo especial para dotar de recursos a cerca de 150.000 indocumentados que residen en el estado, afectados por el Coronavirus, declaró: “California es el estado más diverso de la nación. Nuestra diversidad nos hace más fuertes y resistentes. Cada californiano, incluyendo nuestros vecinos indocumentados y amigos, deberían saber que California está aquí para apoyarlos durante esta crisis. Estamos todos juntos en esto”.

El gobernador Gavin Newsom admite a todos los inmigrantes, si generan dividendos

Pero varios detalles sospechosos le faltaban a su anuncio entusiasta: Se estima que en California hay, por lo menos, 2 millones de inmigrantes trabajando ilegalmente, ostentando esa condición no porque quieran sino por el hecho de que, oficialmente, pese a venir en su mayoría del flujo migratorio transfronterizo con México, no han recibido el pláceme legal por ser considerados escoria, solo útil para las labores que la población nacida en Estados Unidos no es capaz de encarar: agricultores, faeneros del campo, obreros de la construcción, albañiles, mandaderos urbanos, asistentes en locales comerciales, entre otros, es decir, empleos despreciables, cargados de impureza, que solo debe acometer gente en una escala menos evolucionada del ascenso social.

Descaradamente, Newsom agregó: «Sentimos un profundo sentimiento de gratitud por las personas que temen las deportaciones (y) que todavía están atendiendo las necesidades esenciales de decenas de millones de californianos», y seguidamente reveló que el 10% de la fuerza laboral del estado son inmigrantes que viven en el país ilegalmente y que pagaron más de 2.500 millones de dólares en impuestos estatales y locales el año pasado.

Las disonancias continúan con valiosas inquietudes: si son ilegales y no valen nada, ¿cómo es que pagan impuestos?

El rostro latino, legal o no, es cada vez más característico del paisaje norteamericano

¿Con qué se come el ITIN?

En marzo y en medio de la arremetida de la pandemia, el presidente Donald Trump aprobaba una ley de rescate económico que, entre otros «beneficios», abonaría reembolsos de ayuda económica como parte de un paquete de medidas para reducir la pegada del Coronavirus.

Se trata de unos recursos enmarcados en la Ley de Ayuda, Alivio y Seguridad Económica de Coronavirus (CARES), destinado a gran parte de los contribuyentes que tengan número de Seguro Social y hayan pagado impuestos en los últimos dos años o que tengan beneficios de la seguridad social, por un monto de $1.200.

Solo que continúan los pormenores incómodos: la medida deja por fuera a la comunidad inmigrante indocumentada y en algunos casos, también a las familias en condición de estatus mixto (entre legales e ilegales).

«Vergonzoso, varios millones de inmigrantes y sus familias en todo el país que trabajan y pagan impuestos no recibirán un dólar de este paquete de ayuda de Covid-19″, advirtió en una declaración la organización National Immigration Law Center, NILC por sus siglas en inglés.

La pandemia del Coronavirus vino a complicar aún más el acceso de la mano de obra migrante a suelo norteamericano

Es decir, beneficia solo a personas con número de Seguro Social y no a inmigrantes con el Número de Identificación del Contribuyente (ITIN), siglas en inglés que identifican al número tributario que es otorgado por el IRS (Internal Revenue Service o Servicio de Rentas Internas de Estados Unidos) para poder cumplir y presentar los impuestos personales a finales de cada año.

El ITIN, para ilustrar, es necesario en todas las personas que no tengan o no sean elegibles para un número del Seguro Social y que trabajen dentro de los Estados Unidos.

El único requisito para su concesión, es el original o copia certificada de una identificación estatal (licencia de conducir o pasaporte del país de origen que se encuentre vigente) del aplicante, además de la copia de un documento que demuestre su dirección.

Hay razones indiscutibles para pelear por el ITIN: ofrece la posibilidad de poder presentar tus impuestos federales y estatales cada año; acceder a la creación de una corporación para tu negocio; obtener reembolso de los ingresos retenidos por los impuestos, y te permite, según los optimistas que te cobran por hacerte las gestiones, empezar tu camino para conseguir créditos, condición indispensable para acariciar la cima del sueño americano.

La marabunta del desempleo en EE.UU.

Se estima que entre 125 millones y 150 millones de personas están recibiendo este pago que forma parte de un gran paquete de estímulo a la economía aprobado para hacer frente a la pandemia. Es un pago único, indispensable para los 22 millones de personas que se han quedado sin empleo en ese país las últimas semanas.

Las sorpresas no paran: como reseñamos en VTactual, el lunes pasado Trump decidió, por una orden ejecutiva, congelar la emisión de visas de trabajo en esa nación hasta 2021, evitando así el ingreso a territorio norteamericano de por lo menos de 240.000 trabajadores extranjeros.

El decreto de Trump congelando la emisión de visas de trabajo extranjero hasta 2021 fue la estocada final

Por cierto, la medida exceptúa a trabajadores agrícolas y a los familiares directos de los ciudadanos estadounidenses, y se aplica en vista de que el virus ha incidido en el incremento en el desempleo de 14,7%, es decir, 20.5 millones de puestos de trabajo perdidos en los últimos meses.

Los más vulnerables, para variar, son los inmigrantes sin documentos, no ya por la terrible posibilidad de contagiarse de un virus que eventualmente se hace mortal, sino por el limbo legal, laboral y humano en el que permanecen mientras el gobierno gringo requiere de sus esfuerzos pero a la sombra, generando recursos, sumando al aparato productivo, sin recibir nada o casi nada a cambio, que no sea el mal-trato excluyente de sus empleadores y la invisibilización del Estado que los ampara.

Marlon Zambrano/VTactual.com

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