«Cristo viene»: el fanatismo se abre paso en la pandemia

Fanatismo, un flagelo que tiene siglos entre nosotros. Desde que Fray Felipe Mota abjuró de la causa republicana sobre las ruinas de la Caracas sacudida por el terremoto de 1812, afirmando que era un castigo de los cielos al desobedecer las órdenes de Dios y pretender desligarnos de la corona española, la jerarquía eclesiástica ha acariciado la idea de cruzar un velo de fanatismo sobre los hechos naturales para avivar los miedos y, sobre todo, el arrepentimiento.

Aquella vez, un joven Simón Bolívar le cerró el paso, encarnando el espíritu libertario de la naciente República. «Si se opone la naturaleza, lucharemos contra ella, y haremos que nos obedezca».

 Algo más de 200 años después, a más de un vocero de la «santa iglesia» se le ha escuchado citar directamente a la Biblia. «Yo testifico a todos los que oyen las palabras: si alguno añade a ellas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro», Apocalipsis 22:18.

La fe mueve montañas, con tapaboca y todo

Fanatismo: El imperio del terror

Llegó un tiempo florido para los profetas, las beatas y los charlatanes. Las señales que estamos viendo (contaminación, sequías, tragedias humanas, comunismo, pandemia) son un pasto propicio para elucubrar los más terribles anuncios del fin de los tiempos y así someternos por el miedo.

Hay de todo en la viña del señor. En 2008 la psíquica Sylvia Browne anunciaba: «Alrededor de 2020, una enfermedad grave similar a la neumonía se extenderá por todo el mundo, atacando los pulmones y los bronquios y resistiendo todos los tratamientos conocidos».

Sus augurios, recogidas en el libro «Fin de los días: predicciones y profecías sobre el fin del mundo» le han dado la vuelta al planeta. Su publicación se está vendiendo como pan caliente, aunque ella no logró disfrutar de sus dividendos porque murió en 2013.

El best seller de la pandemia

Al mismo ritmo se tuitea un epígrafe bíblico que muestra lo que supuestamente Dios le dijo a Salomón. “Cuando cierro los cielos para que no llueva, u ordeno langostas para devorar la tierra o envío una plaga entre mi gente … Sanaré la tierra” si la gente “se aparta de sus malos caminos”.

La Biblia es un recurso obligatorio entre quienes apuestan al fanatismo religioso y el control social a través del miedo. Y es que en ella hay miles de referencias aterradoras. Cualquiera está familiarizado con sus menciones: Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis, el Dragón Rojo, el 666, las pestes.

¿Y el apoyo económico pa’ cuándo?

Si bien la pandemia ha obligado a las religiones en general a modificar sus rituales, incluida la cancelación de celebraciones ecuménicas, cierre de escuelas dominicales, suspensión de peregrinaciones a sitios sagrados, entre otros., la mayoría se han mantenido en su beligerancia totalitaria y en sus misterios insondables, revelando grandes contradicciones.

La iglesia católica, por ejemplo, niega desde las milmillonarias arcas del Vaticano apoyo económico al combate formal del Coronavirus. En contraposición, desde las misas virtuales y los ritos online, mantiene la oferta de la salvación por el arrepentimiento mientras envía mensajes vacíos en torno a la solidaridad con sus fieles.

La Biblia
Parece ser que en la Biblia estaba todo muy detallado

La institución de la iglesia, reñida desde un principio con la cartografía ideológica y espiritual de la Revolución Bolivariana, ha sabido ubicarse en el vértice del discurso para «apropiarse» de los efluvios mágicos del «Señor».

 «Hablamos de profundización de los problemas que teníamos antes de la pandemia, y que se agudizaron en el actual contexto. El segundo es el problema de salud en cuanto al Covid-19, que expertos dicen que puede aumentar considerablemente. El otro aspecto es que Venezuela no puede seguir así, estamos en un proceso de deterioro muy grande. La gente esta como cansada y deteriorada». Esa fue la declaración nada neutral ni piadosa de monseñor José Luis Azuaje, presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV).

 La «cochinada» de adentro

La iglesia cristiana evangélica, otro poder instalado en el imaginario religioso de los venezolanos, también ha hecho eficientemente su trabajo. Esta se ubica cerca de las congregaciones humanas para adquirir productos de la cesta básica en el marco de la cuarentena.

Personas orando
Las cadenas de oración tampoco han logrado demasiado para frenar los contagios

Ahí han aprovechado para evangelizar apelando al castigo divino, Biblia en mano, asustando a las multitudes ya suficientemente angustiadas por la crisis sanitaria. También temerosas de la hiperinflación que se desbordó sin control, la escasez de combustible, el drama de los servicios de agua potable y gas, el ataque de los zancudos, entre otros.

 «Cristo viene», es su frase más manoseada.

«Claro que sí se está acercando el final de los tiempos», nos advierte el pastor evangélico Gilbert Escalona. Él puntualiza: «La segunda carta del Apóstol Pedro, capítulo 3, versículo 10, dice que los elementos de este mundo serán quemados y destruidos y tú sabes que la capa de ozono cada día está abriéndose más y los rayos del sol están entrando con más fuerza, más que hace cien años, y esas son señales».

«Vendrán tiempos peores» es su otra frase recurrente. Escalona nos aclara: «Pero antes de que venga eso, dice la palabra que Jesucristo viene por segunda vez, en ese momento habrá siete años de santa paz y después vendrá una tribulación como nunca la ha habido y se desatarán los tres poderes satánicos que son el falso profeta, el anticristo y la bestia… Lo dice el Apocalipsis 21, cielo nuevo y tierra nueva, y nosotros nos estamos preparando. El mundo se acabó un día con agua, pero esta vez se va a acabar en candela. Nos toca el arrepentimiento, sacarnos la cochinada que llevamos dentro”.

Sobre una población asustada por las circunstancias caóticas sobrevenidas, es sencillo imponer los supuestos de lo sobrenatural como una consecuencia lógica a sus acciones.

Es el destino fatal de la humanidad del que habla la mayoría de las religiones, no solo para sugestionar y ganar adeptos, sino para garantizar ingresos al final del día.

«El dinero —dice un descreído Joaquín Sabina— el único dios verdadero».

 Marlon Zambrano/VTactual.com

 

#VTanálisis La Iglesia católica sin pena ni gloria ante el Covid-19

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