#VTactualEntrevista: Alexander Torres Iriarte: ¿Por qué a Venezuela se le dificulta recuperar el Esequibo? y Parte IV

#VTactualEntrevista: Alexander Torres Iriarte: ¿Por qué a Venezuela se le dificulta recuperar el Esequibo? y Parte IV / Foto: VTactual

“…la Inglaterra ha decidido apoderarse de gran parte de Guayana y hacerse condueña del Orinoco. Naturalmente tengo que resistirlo a todo trance como lo impone la defensa de la Patria. A tal punto que, de aquí al 20 (de febrero de 1887), tendré que romper relaciones diplomáticas con Gran Bretaña y despedir a su Ministro”.

De Antonio Guzmán Blanco a su yerno Auguste Charles Louis Valentin, II duque de Morny (en algún momento entre 1885 y 1886)

 

Que quede claro que el conflicto que convoca a Venezuela en torno a su Esequibo no tiene que ver con una pugna entre dos repúblicas; se trata de la dilatada, centenaria, lucha de un país pequeño contra un Goliat imperial; aunque en el papel ese gigante no se encuentra en la zona, no ha dejado de estarlo nunca, según los expertos entrevistados.

Cuestión de soberanía

El asunto no versa en que Venezuela pelee con Guyana por su derecho a los 159 mil 542 kilómetros cuadrados; porque en la margen oriental del río Esequibo “realmente no existe un país soberano”.

Así lo cree el historiador y analista internacional Alexander Torres Iriarte, quien señala con argumento demoledor, que no puede tomarse como república soberana una nación que, aunque dice administrar el territorio Esequibo, no tiene verdadero control de él ni en el terreno ni en el ánimo ni la conciencia de los pocos que habitan en ese país mayoritariamente rural.

–Por ejemplo, los indoguyaneses (colonos traídos por Reino Unido desde India, 50% de los más de 801 mil habitantes) no se identifican como guyaneses; Guyana no ostenta el control de la región que dice administrar (el Esequibo); no ha construido en el resto una identidad ni ha generado la integración nacional. Sus autoridades hacen ver que hay cohesión; les une y motiva tomar territorios hacer alianzas de negocios que, a fin de cuentas, no se concretan en educación, salud  y empleo para la población –explicó.

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/ Foto: Cortesía

Fragmentación hasta geográfica

Y va más allá cuando propone que más bien hay una fragmentación hasta geográfica.

Sin vías de comunicación ni de fácil acceso ni política de migración ni de ocupación de los espacios, Guyana parece más bien un reservorio para intereses de otra naturaleza –aseguró el estudioso.

Por ello, concatena la situación de la reclamación territorial con los últimos movimientos imperialistas; resalta que no es casual ni gratuito que asuman desconocer el Acuerdo de Ginebra;  que impulsen unilateralmente las exploraciones petroleras con las compañías estadounidenses; que desconozcan la jefatura de Estado de Nicolás Maduro; o que incauten 31 toneladas de oro en Londres. En la estrategia, están implicados por igual Guyana, Reino Unido y EE.UU.

¿Qué hay de la soberanía en Guyana?

Guyana no es un país que asuma el término “soberanía” como concepto para definir la conformación de su territorio.

–De hecho, hace hasta lo imposible por evitar mencionarlo. Si nos apegamos al derecho, la soberanía reside en el poder político superior que esgrime un Estado independiente, sin interferencias externas. En el caso guyanés, sus autoridades se inclinan por el discurso hostil para resolver las diferencias, “a la cañona” y bajo amenaza de recurrir a la vía judicial –explica Torres Iriarte.

Agrega, en este aspecto, que los problemas limítrofes se resuelven por la vía diplomática y honrando la ley, en este caso, el mecanismo del Acuerdo de Ginebra del 66 o el principio del uti possidetis iuris.

El mar de contradicciones

Guyana, entonces, constituye un mar de contradicciones. En primer lugar, se hace llamar república; en realidad no ha dejado de ser un satélite británico o estadounidense, una pieza colonial que no ejerce plena soberanía.

Segundo, se dice “Cooperativa”, con toda la cualidad socialista que implica el término; en su momento, en plena Guerra Fría, generó en Washington el temor del incremento de la influencia soviética en Suramérica.

Hoy luce más bien “corporativa”. Un país que gracias a David Granger, su actual mandatario, ha mostrado su diente más capitalista y se pliega a las transnacionales como la ExxonMobil para dar rienda suelta a los planes expansionistas de EE.UU. y sus millonarias corporaciones, a partir de la extracción petrolera o de cualquier recurso del subsuelo.

Población mal distribuida

En tercer lugar, Guyana constituye un país demográficamente denso sólo en la margen oriental del Esequibo, en el territorio originalmente denominado Guayana Británica, con un pico poblacional en Georgetown, la capital, y los alrededores. Según refiere la ONU, el 90% de sus habitantes ocupa la zona norte costera, a una densidad de 115 personas por kilómetro cuadrado.

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Georgetown, capital guyanesa, en las márgenes del río Demerara / Foto: Cortesía

En contraposición, el sur del territorio se haya prácticamente desocupado, mientras que el área reclamada por Venezuela tiene una densidad poblacional guyanesa de 0 habitantes por kilómetro cuadrado.

En cuarto lugar, se trata de una nación que pasa –a decir de Torres Iriarte- por un momento político álgido: Una pobreza campante, gran desasistencia social gubernamental, altos índices de corrupción y hasta una pugna de poder.

El conflicto electoral de 2020

La derrotada coalición coordinada por el Congreso Nacional del Pueblo, el partido de David Arthur Granger, se resiste a entregar la presidencia al Partido Progresista del Pueblo (PPP), ganador de los comicios de marzo pasado.

A la agrupación en el poder se le acusa de hacer descartar un total de 115 mil papeletas que le eran contrarias, durante el conteo de votos, tras un fallo de la corte de apelaciones que realmente no tenía jurisdicción en el evento comicial.

El tema ha tenido que ser dirimido por la Corte de Justicia del Caribe, un órgano de la Comunidad de Naciones del Caribe, la Caricom, que ha decidido en favor del PPP pero al que Granger insiste en desestimar. El asunto ha generado una crisis de gran dimensión que parece lejos de concluir.

Una jurisdicción irreconocible en torno al Esequibo

Más allá de los problemas de integración e identidad nacional de Guyana, el liderazgo que impulsa la hostilidad hacia Venezuela ha resultado hábil al momento de granjearse el apoyo internacional necesario para, si bien no zanjar la disputa, proyectarse como víctima.

En esa ruta se circunscribe que Georgetown pretenda, unilateralmente, llevar el caso ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya, órgano adscrito a la ONU, a consideración de Antonio Guterres, actual secretario general de la ONU y a propuesta del exsecretario general Ban Ki-moon.

Un exabrupto

Al respecto, Torres Iriarte cree que sería un exabrupto que esta instancia pretenda tener jurisdicción en el asunto, cuando una de las partes la desconoce históricamente.

–Si la Corte Internacional de Justicia se lanza a desconocer el Acuerdo de Ginebra estaría atentando contra su propia razón de ser. Ella está constituida para proponer la resolución de los conflictos, pero sus decisiones no tienen carácter vinculante. El mencionado acuerdo señala en el artículo 4 que “la solución tienen que ser satisfactoria para el arreglo práctico de la controversia” y si la CIJ interviene viola el artículo, por cuanto Venezuela, una de las partes, no está de acuerdo con su intromisión, tampoco sería un arreglo práctico como “vamos a hablar, acordemos beneficios mutuos, vamos mitad y mitad, ganas tú y gano yo” –resalta.

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Corte Internacional de Justicia / Foto: AFP, Getty Images

Cree el historiador y experto en el tema que el ánimo de las partes debería ser sentarse en la mesa y negociar el desarrollo económico y la administración política conjunta.

Los temas a negociar por el Esequibo

–¿Qué temas deberían negociarse?

–Para ser prácticos, porque ya se ha perdido mucho tiempo, las partes deberían sentarse en la mesa y decidir cosas como “tú inviertes tanto y yo tanto, te ayudo a formar una colonia tuya aquí y tú me ayudas a formar la mía allá, generamos y garantizamos una política migratoria para ocupar el territorio e invertir en vías de comunicación”, definir de una vez por todas que el Laudo Arbitral de París no es válido, que el secretario general de la ONU no puede inmiscuir a la CIJ, porque ésta no tiene jurisdicción en el asunto, Venezuela considera hostil que se inmiscuya. Ello violaría el artículo 33 de la carta de Naciones Unidas que habla de los medios pacíficos de resolver conflictos o incluso de la cualidad de la CIJ de recomendar bajo consentimiento de las partes (artículo 36), cuando Venezuela desconoce su jurisdicción.

Señala el texto “Guzmán Blanco y el Esequibo”, publicado por el portal “Hechos Criollos”: “Es lamentable decir que los conflictos internos de Venezuela se impusieron por encima de la defensa de nuestra soberanía y que esta división ha sido el castigo que arrastra Venezuela desde sus orígenes”.

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El los mapas de ayer y hoy, el Esequibo siempre ha formado parte de la integridad territorial venezolana / Foto: Cortesía

Hoy resulta imperativo que los conflictos políticos internos no determinen el asunto del Esequibo, como en los siglos XIX y XX, que el gobierno actual retome la Comisión Presidencial para el diferendo, que el tema se conduzca a través de expertos, que los hay muy valiosos en el gobierno y la oposición, que de paso se despolitice el tema, que no haya participación de actores políticos. Con ello, se podrá avanzar bastante –estimó Torres Iriarte.

FF/VTactual.com

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