EE.UU. socava los derechos humanos de los venezolanos

Marta sale todos los días a la farmacia a preguntar lo mismo: «¿señor tiene Insulina?», y recibe la misma respuesta del día anterior: «no hay«; regresa a su casa con cara de decepción, tiene tres meses buscando insulina humana para su madre diabética y no la encuentra, pues en Venezuela ya no se importan medicamentos como antes.

La realidad de Marta es la de miles de venezolanos que viven en la nación suramericana sorteando la terrible crisis económica y escasez de medicinas y alimentos, ocasionada en gran medida por el bloqueo financiero internacional del cual es víctima el país.

Lo que Marta no sabe es que en septiembre del año pasado el banco Citibank se negó a recibir los fondos que Venezuela tenía para la importación de 300.000 dosis de insulina, gracias a que las sanciones Impuestas por EE.UU. obligaban a la entidad a congelar los recursos. El derecho humano de la madre de Marta de recibir su dosis de insulina en cualquier centro público de salud, fue vulnerado.

Esta acción se repite con todos los bienes y servicios que Venezuela importa desde el exterior. No sería tan grave si no se tratara de productos de primera necesidad, pero se trata de eso, de matar de hambre y enfermedad a los ciudadanos, gracias a la imposibilidad que enfrenta el estado de pagar, aún teniendo dinero en sus cuentas bancarias.

Al respecto, la presidenta de la organización no gubernamental Fundalatin, María Eugenia Russián, denunció durante un derecho de palabra en la 37º sesión del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, que Estados Unidos prepara un posible bloqueo petrolero contra Venezuela, que agravaría drásticamente la situación que viven los venezolanos.

“Alertamos a este Consejo sobre los graves daños de un posible bloqueo petrolero preparado por Estados Unidos contra Venezuela, que conduciría a agravar la situación causada por el bloqueo económico, comercial y financiero actual y sería devastador para la garantía de los derechos humanos”, señaló la Presidenta de Fundalatin.

Estas medidas coarcitivas y unilaterales utilizadas por Estados Unidos y la Unión Europea, ha generado en la población venezolana dificultades (como las de Marta), para adquirir de manera adecuada sus alimentos, insumos esenciales y medicinas.

El silencio cómplice sobre la violación de los DD.HH. de los venezolanos por parte de EE.UU.

 

Hace pocos días Zeid Ra’ad Al Hussein, alto comisionado de la ONU, cuestionó en su último informe la democracia y la vigencia de los derechos humanos en Venezuela. Lo que Zeid no señala son las consecuencias del cruento bloqueo impuesto por EE.UU. desde el pasado año 2015 por el expresidente estadounidense, Barack Obama.

El Canciller de Venezuela, Jorge Arreaza, cuestionó inmediatamente que el alto comisionado «guarde silencio sobre las medidas coercitivas unilaterales impuestas por el Gobierno de Estados Unidos que impiden el disfrute de los derechos económicos, sociales y culturales del pueblo venezolano.

En esta mismo tónica, la Presidenta de Fundalatin solicitó a los Estados miembros del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, rechazar las sanciones económicas impuestas contra Venezuela y solicite a los Estados Unidos y la Unión Europea derogar de manera inmediata estas medidas coercitivas contra el país.

Russián solicitó a la ONU «objetividad, imparcialidad y no selectividad», al momento de tratar los asuntos de Venezuela, «con el propósito de contribuir a los esfuerzos que está haciendo el país para superar la situación económica que atraviesa actualmente y seguir garantizando los derechos humanos de toda la población” enfatizó.

Para Marta, al igual que para muchos venezolanos, la imposibilidad de comprar insulina es motivo de desesperación y angustia, la misma que deben sentir los ciudadanos Sirios o Palestinos que viven una guerra convencional con balas, donde el acceso a las medicinas y alimentos está restringida.

La calamidad de Marta es la forma no convencional de guerra que EE.UU. le declaró a Venezuela y que vulnera de manera ruin los derechos humanos de todos sus ciudadanos.

 

AMR

Huellas psicológicas de la guerra en Venezuela

Artículos relacionados