#VTcuentosDeVerdad La idea de una biblioteca en tiempos de independencia

Era una mañana soleada de 1811. La pequeña ciudad de Caracas se sentía muy diferente desde hace un año atrás. Jóvenes entusiastas corrían de un lado otro frente a la concurrida Plaza Mayor y por otro lado, el arrugado y enojado rostro de un grupo de hombres de trajes lujosos y de avanzada edad, se encontraban paralizados ante lo que estaba ocurriendo. Mejor dicho, ante lo que se estaba escuchando.

Entre este grupo de diferentes personas, se encontraba un niño que jugaba en una de las esquinas de la plaza. Mientras saltaba entre los tablones que tenía a su alrededor, logró escuchar de una voz ronca y ruidosa las siguientes palabras: “…todos la conocen, todos la desean…”

Al principio le restó importancia, pero la curiosidad no lo dejó tranquilo. Un poquito más abajo de aquella esquina, volvió a escuchar la misma frase, esta vez, de una voz suave y fina: “…todos la conocen, todos la desean…”

¿Qué conocen y desean todos? Se preguntó ese niño, ahora con mayor curiosidad. Pronto lo sabría, pues como por arte de magia, un folleto volaba de esquina a esquina con gran velocidad.

En pocos segundos, ese folleto que parecía tener vida propia, había causado un concierto de voces de todos los colores y melodías frente al niño extrañado. Fuertes, chillonas y hasta las más silenciosas se harían notar ese día, cuando ese folleto que pasaba de mano en mano, se presentaba ante cualquier persona para ser leído.

El niño se fue corriendo detrás del folleto. Con un paso por aquí y un paso por allá, logró colarse entre las personas y ¡zas!, lo alcanzó. Algunos aplauden y el pequeño niño emocionado, aplaude también. Sin darse cuenta, tras haber perseguido al folleto ya estaba al otro lado de la plaza.

Juan Germán Roscio. Abogado y político, Entre sus escritos, discursos y cargos, es conocido como una de las principales figuras de la independencia venezolana.

En este rincón escuchó de una voz muy alegre la siguiente lectura: “…todos deben instruirse para servir a la patria con la utilidad que desean…” y seguidamente, volvió a escuchar de otra voz más melodiosa: “…Todos los ciudadanos, sin distinción de clases, tendrán derecho de concurrir a leer a la biblioteca, diariamente desde las 8 de la mañana hasta las 2 de la tarde…”

Al fin una voz daría respuesta a la gran pregunta. Lo que todos conocen y desean es, nada más y nada menos, que una biblioteca donde todos puedan ir a leer. Inmediatamente se acordó de los libros que tiene su tío en aquella repisa de madera y que más nadie tocaba. Libros grandes, otros pequeños, libros de todos colores. No lo podía creer. Al fin existiría un espacio de la lectura para todos.

¿Y de dónde salió este folleto? ¿Quién lo escribiría?

Entre el resonar de las diferentes voces que leyeron ese folleto que recorrió toda la plaza, otro hombre con voz distinguida y señorial leyó el título de aquel volante: “Pensamiento de una biblioteca pública en Caracas”. Luego, al mirar a todos dijo: ¡lo firmó Roscio!.

Muchos se entusiasmaron, otros no tanto, pues no sabían si era posible tal idea. Pero lo que sí supieron todos, es que quien escribiría esa propuesta era Juan Germán Roscio, una de las figuras de gran importancia de aquellos días de la independencia venezolana. Y aquel niño, sin saberlo y gracias a su curiosidad, se había conectado con uno de esos pequeños momentos que surgieron alrededor de la lucha por la libertad de Venezuela.

Esta historia, es una ficción realizada a partir del volante que circuló en 1811 y que tiene por título Pensamiento de una biblioteca pública en Caracas, escrito y firmado por el destacado escritor y político, Juan Germán Roscio. Este folleto, representaría un primer llamado para crear lo que muchos años después sería la  Biblioteca Nacional de Venezuela. Si bien, faltó mucho por recorrer, este escrito fue una propuesta que buscó un cambio inclusivo dentro del mundo de los libros.

Simón Sánchez/VTactual.com

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