Quieren acabar de nuevo con la Navidad del venezolano

¡Abajo la Navidad! Pareciera ser la consigna que elevan los poderes económicos radicales que buscan salir del gobierno del presidente Nicolás Maduro, ensayando una estocada más al bolsillo del venezolano, que ha recibido sus aguinaldos y ha encendido las luces de su espíritu para dar la bienvenida, con optimismo, a un año nuevo, en paz, entre amigos y familiares, disfrutando de las hallacas y demás tradiciones.
Ya en 1980 El escritor Gabriel García Márquez alertaba en un artículo titulado “Estas Navidades siniestras”, la perversión en que había caído una tradición cuya esencia era “celebrar el cumpleaños de un niño que nació hace dos mil años en una caballeriza de miseria”, hacía hincapié en cómo esta celebración se había convertido en una fiesta abominable “mediante una operación comercial de proporciones mundiales que era al mismo tiempo una devastación cultural”. Este fenómeno no había pasado desapercibido en Venezuela en donde la tradición año tras año venía siendo arrastrada al interés de los comerciantes.
Pero esto no se ha quedado allí. Hoy los “empresarios” venezolanos, no conformes con la perversión en que han sumido a las fiestas decembrinas desde hace décadas, como lo describe García Márquez, pretenden torcerle aún más el pescuezo a la Navidad venezolana.
La estrategias de Guerra Económica que vienen empleando los empresarios nacionales e internacionales contra Venezuela, con el desabastecimiento programado de los alimentos; la inflación y devaluación inducidas; y el boicot en el suministro de productos básicos para el desarrollo del país, cobran para estas “navidades siniestras” su máxima expresión.
La fórmula perversa se recrudece, el empresario que recibió dólares regulados por el Estado para adquirir productos y colocarlos en el mercado a precios justos (juguetes, alimentos, bebidas, etc.), comienza a escuchar el susurro del llamado “dólar paralelo” en sitios web financiados y amparados por el gobierno de los EEUU, que registra aumentos insólitos sin basamento de ningún tipo y asoman las malas intenciones para estas fechas festivas.
Por otro lado la población venezolana y algunos empresarios honestos comienzan a darse cuenta de la perversión de estos portales que sin razón ni lógica financiera aumentan desproporcionalmente la divisa justo cuando el pueblo recibe los anhelados “aguinaldos”. Las personas que sufren día a día los embates de esta guerra silenciosa perciben el trasfondo de un negocio que favorece doblemente a los empresarios, que por un lado aumentan sus ingresos de manera abrupta, y por el otro, buscan afectar en equilibrio y armonía de una nación.
El pasado 21 de noviembre se cumplieron 14 años de la convocatoria al paro petrolero por la extinta Coordinadora Democrática, que dejó por más de 70 días al pueblo sometido a grandes colas, sin comida, gasolina, gas; sin béisbol y con una navidad negada al libre acceso de bienes y servicios. La historia se repite y al parecer muy rápido, hoy los mismos empresarios y comerciantes pretenden apropiarse de los ingresos de los venezolanos, producto del esfuerzo de su trabajo y robarle la alegría a un pueblo que quiere disfrutar en paz, entre gaitas y alegría, de sus navidades. Los venezolanos se preparan decididamente para trascender estos obstáculos y esperar la llegada de un año nuevo con el optimismo y la entereza que los caracteriza.

CD

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