Héroes anónimos: precursores de la aviación venezolana

Se ha dicho mucho sobre la aviación venezolana, pero esta ha tenido protagonistas que se mantienen ocultos, yo diría que son héroes anónimos de nuestra historia, es así como el autor de la obra Historia de la Aviación Militar Venezolana, el Coronel aviador Luis H. Paredes, nos cuenta parte de ella.

“Antes de entrar de lleno a auscultar la Historia de la Aviación Militar Venezolana, creo un deber ineludible rendir culto a la memoria de dos personajes que aquí en Venezuela, al igual que los hermanos Wright de Norteamérica, Santos Dumont del Brasil, Chávez del Perú, y otros tantos, pensaron en la posibilidad  de imitar el vuelo de las aves. Estos dos personajes que, tal vez por desidia, han permanecido ignorados, los traigo a colación con ribetes de precursores de la aviación venezolana, dejándole a la Aeronáutica civil el estudio detallado de los mismos.

El primero de ellos fue el falconiano Carlos Rivero Solar, oriundo del caserío ´’El Naranjillo’, pueblo elevado en la serranía de Coro, a menos de un kilómetro de Cabure, el cual, gracias a uno de sus hijos, pasará a la historia de la aviación como patrimonio no solo nacional sino universal.

Don Carlos Rivero Solar era la admiración de los lugareños, pues gracias a su ingenio, había ideado la manera de traer agua a la vecina montaña para mover un trapiche de su invención, e igualmente ideó la forma de descerezar el café economizando tiempo y mano de obra. Pero a la par de estas invenciones, hoy rudimentarias, Don Carlos venía trabajando en forma silenciosa y casi podríamos decir, misteriosa, en la construcción de dos grandes alas. 

Un sábado del año 1868 se regó la noticia de que el siguiente día Don Carlos imitaría el vuelo de los pájaros, más precisamente el de los gavilanes, por ser el ave más conocida en aquella región. Don Rufino Monteverde tuvo una invitación con carácter de padrino, de acuerdo a informaciones suministradas por uno de los nietos de Don Carlos, llamado Lucio, quien lamentablemente no pudo explicarme el motivo de aquella invitación deferencial.

Llegó el domingo. Desde tempranas horas los parroquianos, situados frente a la casa de los Rivero, esperaban ansiosos la salida de Don Carlos. Diversas conjeturas llenaban el ambiente. La espera era interminable, hasta cuando, por fin, salió de su hogar el “Pájaro Serrano” rumbo hacia “La Soledad”, montaña situada al norte del caserío.

Don Carlos, portando sus grandes alas, marcho en compañía de sus admiradores hasta el pie de la montaña. Aquí se despidió de los presentes, y se enrumbo a la cima de la colina, a unos sesenta metros de altura. Un silencio absoluto reinaba abajo, dando la impresión de que todos los observadores se habían recogido en oración por el éxito del paisano. Al llegar a la cima, Don Carlos se sujetó las alas y se lanzó al vacío rompiendo el silencio con un grito estridente a manera de atención. Por breves segundos descendió lenta y airosamente. Pero luego perdió el dominio y se precipitó a tierra, yendo a caer en la copa de un bucare, de donde fue bajado todo maltratado y herido.

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Ilustración del libro Historia de la Aviación Militar Venezolana

Para muchos, tal vez por la brevedad del vuelo, no tuvo trascendencia aquella hazaña como no la ha tenido hasta ahora; pero para nosotros, hombres del aire, ese ensayo reviste igual importancia que las pruebas similares efectuadas en otras latitudes del mundo, en especial en Europa. 

Una serie de interrogantes que no han sabido despejar sus hijos, nos hace cavilar acerca de la inquietud de Don Carlos por el vuelo. ¿Se inspiraría acaso en la leyenda de Dédalo e Ícaro? ¿Conocía la experiencia de Simón el Mago? ¿Quiso acaso emular al benedictino ingles Olivier de Malmesbury? No lo sabemos; pero resulta difícil creerlo, por cuanto una prueba de su aislamiento con la civilización nos  la dio el escritor falconiano  Agustín Garcia, al aseverar que “lo único que llegaba a Coro sin tropiezos era el rio”.

Así pues, tomando en cuenta el medio donde actuó, y la fecha de su ensayo, no cabe la menor duda que Don Carlos Rivero colocó a nuestra patria en el sitial donde se encuentran las naciones precursoras de la aviación. Lástima que no haya guardado como recuerdo de su hazaña aquellas alas que fueron  su obsesión y que estuvieron a punto de haber sido motivo de holocausto en aras de su pasión».

En la próxima entrega, Venezuela Times continuará la historia del segundo héroe anónimo de la aviación venezolana, no se la pierda

OAH

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