Edades Atávicas, el viaje de la vida

El pensar que somos hojas al viento, accidentes del destino y sujetos a la “Suerte o Azar”, es una posición cómoda y poco responsable con nosotros mismos, limitante y peligrosa para nuestro desarrollo individual, por no hablar de la repercusión en lo que corresponde a nuestro rol en la sociedad y en nuestro proceso evolutivo.

Saturno marca las estaciones en el viaje de la vida, en ciclos de 7 años para crear el aprendizaje, dar la oportunidad de evaluar lo recorrido y definir por nosotros mismos cómo enfrentar lo que viene.

Partiendo del planteamiento de que “el hombre se compone de cuerpo, alma y espíritu” y que “con su cuerpo el hombre participa en la realidad físico-sensorial, con el alma en el mundo anímico y con su espíritu en el mundo espiritual”; hoy quiero compartir con todos vosotros una información que desde hace muchos años vengo aplicando al realizar las asesorías, los estudios personales, las consultas, como también en mi vida personal.

Según la Antroposofía = Cosmovisión del ser humano, podemos analizar las etapas de la evolución humana desde un punto de vista espiritual, expresado en septenios (ciclos de 7 años).

El desarrollo de los septenios guarda estrecha relación con la transformación de los cuerpos que conforman al individuo. Estos cuerpos desde el estudio cosmobiológico humano son:

El Cuerpo Físico: lo que es visible y conocido.

El Cuerpo Etérico o vital: que impregna el cuerpo físico y le da vida.

El Cuerpo Astral o Cuerpo de Sensaciones: el que permite que el hombre sienta.

El “Yo” o  la individualidad: aquello que nos hace inéditos, distintos a todos e irrepetibles.

Estos septenios los podemos estructurar según la Antroposofía (Rudolf Steiner) en tres:

– Septenios del Cuerpo: del nacimientos hasta los 21 años.

– Septenios del Alma: Desde los 21 años hasta los 42 años.

– Septenios del Espíritu: Desde los 42 años hasta los 63 años.

Septenios del Cuerpo

Del nacimiento hasta los 7 años: Marca cambios biológicos, mentales y sociales. En los primeros siete años, el niño conforma y consolida su cuerpo físico. Al nacer, trae el cuerpo vital de la madre y es en este septenio, en el cual aparecen las enfermedades infantiles, las cuales tienen el propósito de que el niño desarrolle su propio cuerpo vital, a partir de los siete años, abandonando el cuerpo vital donado por su madre. Esto es el principio de su proceso de individualización. A los siete años ha completado la formación de su cuerpo; las fuerzas que estaban dedicadas al crecimiento se liberan, transformándose en fuerzas del pensamiento las cuales formarán la conciencia del niño y desde este momento, podrá pensar. Este es la base esencial para el resto de su vida.

De los 7 a los 14 años: El inicio escolar, lo llamamos septenio del cuerpo vital. Este nuevo nacimiento, está señalado por dos hechos fundamentales, se completa el proceso de cambio de dientes y el sistema nervioso ya está totalmente conformado. Está más despierto al mundo, y ha desarrollado su capacidad de aprendizaje. El cuerpo vital es la base del temperamento. Es el ciclo para adquirir hábitos y por ello la actuación de padres y maestros es de real importancia.

De los 14 a los 21 años: Se disparan los procesos emocionales, la rebeldía, la anarquía.  Aparecen las formas corporales características y determinantes según el sexo. Durante este septenio tan difícil, el joven vive del deseo, se desarrolla el cuerpo astral o cuerpo de sensaciones; el ser humano comienza a tener nuevos sentimientos y sensaciones. Se inicia el aprendizaje para afianzar la autoestima.

Septenios del Alma

Alma sensible, se desarrolla entre los 21 y los 28 años.

Alma racional, se desarrolla entre los 28 y los 35 años.

Alma consciente, se desarrolla entre los 35 y los 42.

De los 21 a los 28 años: Nos acercamos al nacimiento del YO, lo que conduce a la real separación de la madre. Alrededor de los veintiún años, muchos jóvenes sufren crisis violentas relativas a su propia identidad, sienten que deben liberarse del “yugo” de su padre o su madre, para lo cual buscan abandonar el hogar. La mayoría de las personas inician su carrera profesional, iniciando una etapa de experimentación. Es tiempo de gran creatividad, satisfacción por vivir y probar todo aquello que fue aprendido. Se realizan ritos iniciativos y sienten que todo es posible.

El desafío de este ciclo consiste en tratar de alcanzar la seguridad y el equilibrio interno independientemente del medio que lo rodea.

De los 28  a los 33 años: El “Retorno de Saturno” el viaje restaurador de “Cronos” el Dios del Tiempo, como es conocido en astrología a este planeta. Llega el momento de revisar lo que hemos acumulado en el trayecto de la vida, es el tiempo de “Revisar las Estructuras”. Busca con empeño una posición en la vida, afirmarse en su trabajo o en su profesión, compartir sus días con alguien y también formar una familia. El joven percibe en sí una gran creatividad y satisfacción de vivir. Aquí lo más importante es llegar a la ACEPTACION, aplicar la frase COMPRESIVO CON EL OTRO Y MÁS AMABLE CON NOSOTROS MISMOS. Es el momento de organizar todos los conocimientos, aprendizajes y experiencias adquiridas en el trayecto vivido, para filtrar, desechar aquello que nos ata al pasado de manera dolorosa y tomar lo que queremos sea la semilla a germinar en lo venidero. Es el tiempo de “La Poda”, podar aquello que no ha crecido debidamente y que nos pueda obstaculizar el camino. Para lograr esta poda, es necesario detenernos y revisar todas nuestras estructuras.

De los 33 a los 42 años: Representa un periodo de revaloración interna “Muerte y Resurrección”, por lo general aparecen situaciones que pueden ser grandes pruebas de desapego “Toda muerte trae un nacimiento”, “Toda ganancia proviene de una pérdida”. Procesos de destilación de la conciencia, en la que valoramos otros aspectos del SER, buscamos la conexión con lo espiritual. Regresamos al amor y la aceptación del hogar familiar. Conectamos con lo espiritual e iniciamos “El gran dictamen de adultez”. No es ya el simple hecho de hacer y lograr lo correcto sino de hacer y lograr aquello que tenga valor.

Septenios del Espíritu “La segunda mitad de la vida”

De los 42 años a los 49 años: “El gran frenazo” etapa de la gran valoración donde nos detenemos, para volver la vista atrás y aclarar contigo mismo lo que es realmente importante para ti AQUÍ Y AHORA. Vemos de manera sincera lo que realmente queremos que nos acompañe en el resto del camino por recorrer. Por lo general es precedida de una segunda adolescencia, puede presentarse la necesidad de gustar y aparentar igual que cuando era adolescente, por lo que puede traer situaciones depresivas.

La gran valoración que nos hace llegar a la gran misión: NO traicionarnos nunca más. Es donde asumimos ser el conductor del coche de nuestra vida.

De los 49 años a los 56 años: Es el 7 x 7 donde la  aceptación es lo más importante, tanto de nosotros mismos en los cambios corporales que se presentan biológicamente como la menopausia en las mujeres y la andropausia en los hombres, como en nuestras relaciones y el rol que desempeñamos en la sociedad. Para quienes mantengan resistencia a estos cambios, se pueden manifestar acciones extemporáneas. Es un ciclo muy delicado ya que en ese afán de retener o volver a sentir la juventud  podemos perder personas y relaciones muy importantes.

En este ciclo asumimos un nuevo rol en la vida para seguir dando frutos. Las realizaciones deben ser patrimonio del espíritu y no meramente de la materia. El trabajo individual se halla en el mundo físico, no podría ser de otro modo ya que somos cuerpos físicos; pero la esencia del acto de trabajar pertenece a un orden de leyes no materiales. En este septenio es imprescindible armonizarse con las leyes cósmicas. Una nueva filosofía de vida se puede instalar, así como también una nueva concepción del mundo.

En este septenio hay dos temas centrales: el despertar del maestro interior y la enseñanza; la consecuencia directa de este despertar permite la posibilidad del enseñar como inspirador y de aconsejar con amor.

De los 56 a los 63 años: “El segundo retorno de Saturno”, la revaloración de estos segundos 28 años, donde la pregunta es ¿Qué voy hacer en adelante? Para llegar a la DECLARACION de la madurez y comprender que  “NO VAMOS A PEOR, VAMOS A DISTINTO”, por lo tanto se debe asumir la nueva postura y posibilidades físicas de manera consciente y armoniosa. Es el umbral de una nueva crisis muy especial dado el grado de conciencia que se puede alcanzar a esta edad. La crisis puede manifestarse en el ámbito de lo humano y de lo espiritual.

A medida que el ser humano se acerca a las últimas etapas de cada experiencia de vida, las crisis anímicas “debieran” ser de menor envergadura mientras que crecen en importancia las experiencias vinculadas al mundo trascendente o espiritual. Este ciclo es el indicado para realizar una síntesis de todo lo vivido, un balance, como también realizar una síntesis de toda la biografía y decidir aprehender de una vez por todas a Sentir, Pensar y Actuar.

De los 63 a los 70 años: Se relaciona mucho con lo vivido a los 33 años. Comienza una etapa que puede estar asumida desde alguna de estas dos posturas: “todo duele o molesta” o “el agradecimiento a la Vida”. Es una etapa difícil, pero no imposible, para introducir cambios sustanciales en la propia vida. Si al llegar aquí se ha realizado el debido trabajo de conciencia serán la reflexión, la prudencia y la esperanza sus características.

De los 84 años en adelante: Un retorno a los 42 años, con procesos de posibles depresiones y vacíos, pero se da la oportunidad de desplegar la sabiduría acumulada en el trayecto de lo vivido. Es la oportunidad de que todo el conocimiento adquirido en la vida sirva para inspirar a otros que inician sus procesos individuales. La muerte del cuerpo físico constituye un hito cercano; de nosotros depende seguir el camino hacia la ancianidad o hacia la vejez.

“Viejo” es sinónimo de “estropeado por el uso”. Actúa desde la decrepitud, el deterioro de la forma y la desconexión de la realidad, mal humor, egoísmo y desconfianza. Miedo a la muerte.

“Anciano” en sí mismo, da una sensación de sabiduría, dignidad y respeto. Actúa desde una conciencia clara de lo eterno. Su fortaleza interior le permite callar y escuchar, para hablar en el momento adecuado y siempre aportando experiencia, amor y flexibilidad. No le teme a la muerte, la aguarda con naturalidad.

Harmonee

Diana Carbajal Van De Kerkhof

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