Contradicciones seculares: ¿con quién comulga la Conferencia Episcopal Venezolana?

El bienestar social y la dignificación de los ciudadanos es la bandera política de todos los gobiernos progresistas del mundo. De esta promesa no escapó el gobierno de Hugo Chávez tras su triunfo electoral en el año 1998. Desde ese entonces, muchos han sido los adversarios a su modelo social y político, en especial la clase social oligárquica y empresarial, agrupados todos en una tendencia política de derecha.

«Dictadura», «fascismo», «totalitarismo», «gobierno represivo», son solo algunos de los calificativos que al pasar de los años se le adjudicaron al gobierno revolucionario de Venezuela impulsado inicialmente por Chávez, y continuado con Nicolás Maduro tras la muerte del líder en el año 2013.

La iglesia, configurada en teoría como una institución pacificadora, inclusiva y humana, se ha plegado al ataque político y agresivo a través de su organismo más importante en el país suramericano: la Conferencia Episcopal Venezolana, que agrupa a la máxima jerarquía eclesiástica de Venezuela.

Su fachada aparentemente imparcial, se ha valido de su privilegiada posición (la iglesia católica como un poder mundial) para impulsar a través de sus diversas instituciones, mensajes de deslegitimación del gobierno legalmente constituido, no sólo por un pueblo que ha sufragado durante más de 18 años por el chavismo, sino por el liderazgo ganado gracias a una política inclusiva y humanista, reconocida incluso por organismos como la UNICEF, ONU y OEA.

A partir del nombramiento de Francisco Bergolio como sumo pontífice, la situación ha cambiado para muchos jerárcas de la iglesia católica mundial, especialmente para los de Venezuela. El papa Francisco, quien ha mostrado su simpatía por los preceptos socialistas y movimientos sociales progresistas, ha impulsado el diálogo y entendimiento entre ambos sectores del país, gobierno y oposición, apostando siempre por la paz.

En una entrega anterior titulada «Conferencia Episcopal Venezolana: homilía política contra la voluntad de un pueblo» mencionábamos los diversos sucesos políticos de los cuales la CEV ha sido partícipe, incluyendo la validación de delitos (Guarimbas 2014), golpes de estado y satanización de un sector político de la población: el Chavismo. La Conferencia Episcopal Venezolana, cuyos miembros son los representantes de Dios en la tierra, ha coincidido en los últimos años con ideas, y concretamente acciones, que no comulgan, no sólo con los preceptos cristianos, sino con la pacificación entre los venezolanos, lo que a todas luces representa una contradicción.

La posiciones de la CEV están impregnadas de una serie de contradicciones de fondo (cristianas) demostrables todas a través de sus acciones políticas en Venezuela en los últimos 18 años.

Contradicción # 1: el Chavismo es una dictadura

CEV VOTO

Quizás sea este el adjetivo más utilizado por los clérigos de la CEV para referirse al gobierno revolucionario. Los clérigos Jorge Urosa Sabino, Baltazar Porras, Luis Ugalde, Arturo Sosa, Roberto Lückert, Mikael de Viana y el fallecido José Ignacio Velasco, catalogaron en casi todas sus intervenciones públicas, mediáticas y eclesiásticas (sermomes domingueros) al chavismo como un gobierno «totalitarista y represor». Veamos algunas de las frases más célebres de estos sacerdotes:

«El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, encamina el país hacia una dictadura y ha secuestrado el lenguaje de Dios» Monseñor Baltazar Porras, AFP, 12/07/2007

“No tengo la menor duda que Venezuela se estaría encaminando hacia una dictadura”. Cardenal Jorge Urosa Sabino 24/12/2010, Globovisión

«Sin apoyo militar no salimos de esta dictadura ni recuperamos la democracia» Luis Ugalde s.j., 12/12/2016 Foro realizado en la Fundación Espacio Abierto, Caracas.

“De ahí a la dictadura hay un paso, la tendencia es para allá (…) Pero a eso hay que añadirle otro elemento para poner la cosa más compleja. Este régimen estatista, autocrático, presidencialista, tiene apoyo de las masas» Arturo Sosa Abascal s.j. 26/10/2014, Semanario Quinto Día

«En Venezuela estamos en la dictadura más férrea que hemos vivido. En la etapa más difícil. La única forma para que haya un cambio es con la gente en la calle en paz”. Monseñor Roberto Lückert León, 22/08/2016, El Venezolano News

De acuerdo a los filósofos clásicos Aristóteles y Platón, «la marca de la tiranía es la ilegalidad, es decir, la violación de las leyes y reglas pre-estipuladas por la ruptura de la legitimidad del poder.» El 11 de abril del año 2002 la CEV, representada por Ugalde, Velasco, de Viana, Porras y Urosa, participó públicamente en el golpe de estado (rompimiento del hilo consttucional) perpetrado por las élites empresariales, medios privados de comunicación y políticos de derecha contra el presidente Hugo Chávez. Los registros audiovisuales de aquella fecha dan fe de la primera gran contradicción de la Iglesia en Venezuela:

Contradicción # 2: El Chavismo ha sembrado un lenguaje de odio

Del odio y racismo social contra la clase pobre en Venezuela por parte de muchos sectores políticos y poderosos se pueden escribir muchas crónicas, especialmente de las adjetivaciones despectivas contra los chavistas, catalogados de «marginales», «brutos», «animales», «violentos», «ignorantes» y «sucios». Las expresiones peyorativas hacia un sector político representado mayormente por las clases sociales menos privilegiadas, han sido el sello oficial de líderes de la oposición, medios de comunicación y algunos representantes de la iglesia.

En una oportunidad, el clérigo que participó en el golpe de estado contra Chávez, Maikel de Viana, aseveró «esta es una revolución con lumpen y sin intelectuales» refiriéndose a los partidarios del chavismo.

Otro ejemplo de lenguaje de odio es el Padre José Palmar, quien a través de su cuenta en twitter ha publicado mensajes de desprecio contra el chavismo, bajo la anuencia de la jerarquía eclesiástica, cuyos representantes jamás han condenado públicamente la instigación al odio por parte de este cura. Entre sus tuits más destacados:

Contradicción # 3: chavismo restringe la libertad de expresión

Esta tercera contradicción es hija de la primera que mencionamos, la supuesta dictadura en Venezuela. Llama la atención la seguridad con la que esta afirmación caló nacional e internacionalmente desde las primeras páginas de los diarios y transmisiones televisivas, aun cuando se supone que en dictadura nadie podría decir nada parecido a través de los medios de comunicación.

monsenor-diego-padron-990x460

Durante el golpe de estado contra Chávez en el año 2002, la oposición venezolana cortó abruptamente la señal de Venezolana de Televisión (canal del estado) y a varios medios comunitarios y alternativos que no se plegaron a la línea de los grandes empresarios privados de la comunicación. La CEV no rachazó ni emitió opinión alguna sobre esta clara violación a libertad de expresión durante esos días.

En una oportunidad el párroco Adolfo Rojas Jiménez, quien ha mostrado abiertamente su postura chavista, denunció que autoridades de la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV) le coartaban su libertad de expresión al prohibirle ser amigo del presidente Chávez. “Nunca me imaginé ver un hostigamiento, una persecución y una descalificación de parte de la iglesia para mi persona de esta manera, lo que uno había visto con compañeros revolucionarios” expresó en el año 2007 en una entrevista a ABN

A principios del año 2015, Monseñor Diego Padrón, presidente de la CEV, solicitó la salida del programa  «Con el Mazo Dando», programa de corte político, moderado por el entonces presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello. A esta petición le salió al paso el reconocido periodista José Vicente Rangel, quien afirmó a través de su programa «José Vicente Hoy» que: «Tiene razón Diosdado Cabello, cuando pone en evidencia la contradicción en la que incurrió el presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV), monseñor Diego Padrón, quien al mismo tiempo de defender la libertad de expresión  y acusaba al gobierno de vulnerarla, planteó que el programa «Con el Mazo Dando», debía desaparecer del aire. ¿Quién entiende al ilustre prelado?.».

Contradicción # 4: el Chavismo no quiere diálogo

El mundo entero fue testigo de la restitución de Hugo Chávez frías a la presidencia por el pueblo venezolano aquel 14 de abril del 2002, luego de que la oposición, representada por el sector empresarial, comunicacionl y eclesiástico, le diera un golpe de estado dos días antes.

cristo-de-chavez

A solo 48 horas de haber sido secuestrado, Chávez se dirige su mensaje al país;  el «dictador», señalado así tantas veces por la CEV, le dio la cara al pueblo  con un cristo en la mano e hizo un llamado al diálogo y a la unión nacional. «A partir de este momento, vamos a reflexionar, vamos a tener a Dios por delante, invoquemos, a cristo, a Dios, y llenémonos de paz (…) hago un llamado a que volvamos a la unión del país» expresó Chávez.

El emplazamiento a dialogar fue hecho por el líder el 28 de abril de 2002, 17 días después de haberse perpetrado el golpe que se mantuvo apenas por 48 horas. Entonces, Chávez insistía en la necesidad de que este proceso debía regirse por la verdad y la ética.

Todas las convocatorias de diálogo por parte del chavismo fueron repelidas por un oposición con agendas ocultas, vinculadas a alterar el orden democrático, a no respetar el juego democrático como planteaba el Comandante Chávez quien lamentó que la derecha interpretara la convocatoria de diálogo como un signo de debilidad. Los jerárcas de la iglesia católica en Venezuela tienen trayectoria en el abandono de las mesas de diálogo que a lo largo de estos años ha adelantado el gobierno revolucionario.

El presidente Nicolás Maduro ha convocado al diálogo con la oposición venezolana al menos 36 veces. El primer llamado lo efectuó el 14 de abril del 2013, invitando a todos los sectores tras su triunfo electoral.  En Febrero de 2014, vuelve a convocar al diálogo en el marco de las acciones terroristas de calle incitadas por Leopoldo López en el plan La Salida, en un intento por derrocar al presidente, que arrojó como resultado 43 muertos.

El último llamado al diálogo fue realizado el pasado mes de octubre del 2016; desde entonces, de manera contradictoria, tanto los partidos opositores agrupados en la MUD, como la Conferencia Episcopal Venezolana, han torpedeado de manera sistemática las negociaciones de la mesa.

De acuerdo a las palabras del periodista José Vicente Rangel en su sección televisiva Los Confidenciales «se ha encontrado fuerte resistencia en el seno de la Conferencia Episcopal, donde la influencia del cardenal Urosa y el obispo de Mérida Baltazar Porras, es determinante hasta ahora, aún cuando empiezan a darse cambios interesantes favorables a una apertura en otros integrantes de este organismo».

Pese a la mediación de El Vaticano en las conversaciones de diálogo en Venezuela, a través de su representante, monseñor Claudio María Celli, la Conferencia Episcola Venezolana mantiene una sostenida campaña de descrédito contra esta iniciativa avalada, no solo por Unasur, sino también por la Organización de Estados Americanos (OEA) y la Unión Europea (UE).

El doble discurso de la CEV se evidencia cuando dice estar dispuesta a ofrecer los «buenos oficios» para la realización del diálogo entre gobierno y oposición, pero a la vez descalifica abiertamente a través de los medios de comunicación a los interlocutores del diálogo, asegurando que el presidente Maduro “no tiene autoridad moral para llamar al diálogo y a la paz”.

El Papa Francisco pidió “diálogo y colaboración” en el país y dijo que era necesario impulsar “la cultura del encuentro, la justicia y el respeto recíproco». La Conferencia Episcopal Venezolana por su parte, afirma que “un diálogo político sin metas precisas, sin fases ni objetivos es inútil”, esta contradicción discursiva por parte de la jerarquía eclesiástica sólo lleva a una sola pregunta: ¿Con quién comulga la Conferencia Episcopal Venezolana?

AMR

 

Artículos relacionados