Assad podría dejar la presidencia voluntariamente ¿Qué tan conveniente es esto?

Las palabras del presidente de Siria, Bashar Al Assad, de que podrá dejar su puesto como resultado de las elecciones son una confirmación del respeto que siente hacia su pueblo, declaró el viceministro de Asuntos Exteriores de Rusia Mijaíl Bogdánov.

«Es una confirmación de que respetará la decisión del pueblo sirio expresada mediante un procedimiento democrático como son las elecciones», apuntó en respuesta a la solicitud de comentar las palabras de Assad de que abandonará su puesto si el pueblo lo decide con su voto.

También señaló que lo estipulan todos los documentos internacionales relativos a Siria, en que se señala que el proceso político no puede durar más de 18 meses y debe concluir con los comicios en que se elegirán los dirigentes del país.

Assad declaró el 10 de febrero en una entrevista con Yahoo News: «Si el pueblo sirio no quiere que yo esté en este puesto, me iré de inmediato».

¿Qué tan conveniente es la salida de Assad?

Pese a que esta posición de Assad no es nueva, Occidente ha insistido tercamente en su salida del poder, incluso por medios violentos: es conocido el financiamiento y equipamiento de Estados Unidos a los rebeldes “moderados”, mientras países del Golfo Pérsico hacían su parte con el Estado Islámico. No obstante, analistas y expertos en Medio Oriente, consideran que la eliminación de Assad podría en realidad generar consecuencias negativas para esa parte del mundo, al convertirse en un país caótico y promotor del terror.

Rusia es el principal país en oponerse ya que ha visto las repercusiones de lo que ocurrió en Irak y Libia, independientemente de las acusaciones que se les pueda hacer a sus regímenes, luego de que coaliciones internacionales con Estados Unidos a la cabeza, derrocaron violentamente a los líderes Saddam Hussein y Muammar al Gadafi, respectivamente.

Gracias a las victorias contra los grupos extremistas como el Estado Islámico y los rebeldes “moderados” la presión sobre Assad ha disminuido porque se empieza a proyectar un escenario más claro de lo que lo ocurrirá en Siria tarde o temprano: la prevalencia del gobierno con un claro apoyo ruso desde el punto de vista internacional. No obstante, siguen las voces en Occidente, aunque en menor medida, contra el mandatario sirio.

Rusia desde el inicio del conflicto ha mantenido una férrea defensa desde el ámbito diplomático y mediático, y obviamente político y militar. A finales del año pasado, el portavoz de la presidencia de Rusia, Dimitri Peskov, señalaba por ejemplo que la dimisión de Assad, llevaría a la victoria de los terroristas así como a una nueva ola de refugiados y la imposibilidad de un arreglo político en Siria.

«En caso de victoria, los terroristas no van a escuchar a ninguno de sus dueños o titiriteros, y esto podría llevar a nuevas olas de refugiados y, Dios no lo quiera, a nuevos camiones en Francia», subrayó. Agregó que actualmente hay menos personas que piden la dimisión de Assad, además, «no fue el tema principal» de las negociaciones de los líderes del Cuarteto de Normandía sobre Siria celebradas en Berlín.

Sin embargo, agregó que «toda la comunidad mundial tendrá que trabajar arduamente para resolver el problema sirio en el formato de la cooperación multilateral, es decir, tendremos que acercar nuestras posiciones». Destacó que algunos países «coquetean con el Diablo tratando de derrocar a Assad a través de los terroristas», no obstante, «callan avergonzados» cuando les preguntan qué pasará después de la dimisión del líder sirio.

El político agregó que «no puede exagerarse la importancia de la operación antiterrorista conjunta de Rusia y el Ejército Árabe Sirio contra los terroristas de los grupos yihadistas Frente Fattah al Sham y Daesh (Estado Islámico en árabe)». Observó que la división del país «puede tener consecuencias catastróficas para toda la región».

Esta visión es compartida también por otros factores occidentales, incluidos el actual presidente estadounidense Donald Trump, quien pese a todas sus controversiales declaraciones y acciones, tiene muy clara la importancia de erradicar al terrorismo mundial.

En ese mismo sentido se expresó el periodista Craig Sams del Financial Times, en su artículo “Si los rusos se van y el gobierno de Assad cae, ¿entonces qué?” analiza las consecuencias para el mundo si triunfaran los extremistas.

«Parece que no hemos aprendido las lecciones de Afganistán, Irak y Libia», argumenta Sams.

La mayoría de los sirios «no son fundamentalistas que viven solamente con la ayuda financiera desde el extranjero», insiste Sams, sino que son partidarios de un estado laico. Entre ellos hay suníes, chiíes, cristianos, kurdos, alauitas, etc. Al mismo tiempo, «para la mayoría de los ‘rebeldes’ esta gente son renegados que deben ser decapitados, esclavizados o convertidos forzosamente», afirma el autor.

En caso de que cayera el gobierno de Assad, serían los radicales de Daesh o de otros grupos terroristas quienes tomarían el poder en el país, y Siria se convertiría en «un estado fundamentalista y terrorista».

«El Occidente debe tener cuidado con lo que desea. Debe dejar la política de las sanciones, por lo menos hasta que no tenga una estrategia adecuada para enfrentar el eventual caos que, sin duda, llegaría al país sin Assad», concluye el autor.

Con información de Sputnik

JA

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