“País en hambruna”, breve cronología de un ataque sostenido

Ya en el mundo la tesis de que en Venezuela se vive una especie de hambruna se ha instalado, gracias en gran medida a la campaña que sostienen grandes medios al respecto, y a las incontables giras internacionales de voceros de la crisis.

Pero para llegar a este punto, no basta una campaña. En efecto, debe haber una situación de desabastecimiento en el país para que un proyecto como ese tenga la credibilidad de la que requiere. No se trata de la falsa toma de Tripoli, en Libia, un evento específico con un limitado tiempo e impacto inmediato. Aquí se está hablando de construir un discurso de la crisis del día a día, del sufrimiento diario de un pueblo entero.

Para ello, durante años ha habido en Venezuela un proceso progresivo de ataques al abastecimiento de productos sensibles, de consumo masivo y prioritario en los hogares del país.

Se puede comenzar por destacar un hecho no menor: la inducción de desabastecimiento de productos no es achacable en su nacimiento al período que comenzó con la llegada de Chávez al poder político en Venezuela.

Es conocida esta estrategia para generar, en principio, una demanda mayor a la habitual, y así justificar una subida repentina en el precio del producto –o los productos- en cuestión. Bastante sucedía en los años 80 en el país, como se puede ver –para quienes no lo hayan vivido- en titulares de los más variopintos periódicos de la época.

Tocaría remontarse a tiempos del paro petrolero para indagar en una primera fase de esta iniciativa, ya con finalidad política contra el presidente Chávez. En aquel entonces los responsables de la carencia de bienes de consumo tenían un rostro claro: el sector empresarial convertido en vanguardia política decidió paralizar al país, en la búsqueda de terminar lo que falló en abril de ese año con el Golpe de Estado.

Ya en 2005, y ante sucesivos intentos fallidos de derrocamiento de Hugo Chávez, la palabra escasez comenzaba a resonar en titulares y noticias de diversos medios. Que en tal o cual región no se encontraba pollo, que la carne de res brillaba por su ausencia. ¿El culpable? Ya el sector empresarial había tapado su rostro, y la responsabilidad recaía siempre sobre las políticas económicas, agrícolas, de importación –según fuera el caso- del Gobierno Nacional.

Sin embargo, la sensación solía durar poco. El petróleo estaba sólido y las arcas venezolanas rebosantes de liquidez para resolver la coyuntura, como se dice comúnmente, a realazos: comenzaron a aparecer los pollos traídos de Brasil, paquetes con carne de Argentina, todo a precios de subsidio, correspondientes a los de las regulaciones nacionales.

Pero la brecha de tiempo entre cada nueva desaparición se fue acortando, y ya no era un producto por vez. Los mercados familiares comenzaban a verse disminuidos en dos, cuatro productos.

Así, hubo picos en los índices de escasez, durante años, hasta 2012-2013. Con la enfermedad de Chávez en boca de todos, la incertidumbre de un futuro político incierto ante su posible muerte, que sería evidente con su alocución del 8 de diciembre, el papel higiénico desapareció. Le siguió casi de inmediato el café. Ambos aparecían de repente y volaban de los anaqueles.

Luego fue el arroz blanco –el regulado-, porque las presentaciones saborizadas o parbolizadas seguían estando, a precios de hasta tres veces con respecto a su primo regulado.

Y así fue pasando con todos los productos de la lista privilegiada, que iban y venían intermitentemente, hasta que la estocada vino acompañada de un aliado inesperado: el precio del principal rubro de exportación –y por tanto generador de divisas- en el país, cayó de manera abrupta.

Ya el realazo se hacía menos una opción, y el sector empresarial que venía lentamente cocinando el escenario sinceró la situación: los productos regulados, todos y al mismo tiempo, dejaron de aparecer.

Largas colas para los pocos productos regulados, contrabando interno y externo, fueron parte de los resultados de una estrategia lenta de caotización. Esto sin contar con una ola de importadores no oficiales que compran productos afuera y los venden a lo interno con precios de dólar negro.

Y finalmente, la fase de mediatización del conflicto de distribución en Venezuela también creció: voceros de oposición comenzaron a salir con destinos varios en el mundo, pregonando la hambruna.

En esa situación se mantiene el país hasta la fecha. Ha habido iniciativas por parte del Gobierno en busca de aliviar la carga a la población, especialmente la de bajos recursos, principal afectada ante este escenario.

Surgieron los Consejos Locales de Abastecimiento y Producción (Clap), que además de distribuir lo poco regulado a comunidades priorizadas, están llamados a la activación productiva; se retomó una política de importación de productos esenciales para distribuir entre la población, eso sí, ya a no precios regulados.

Recordemos que si bien el petróleo ha ido subiendo, y que rondar los 50 dólares por barril es una notable mejoría tras tener momentos en 2016 en que se superaba por poco los 24, todavía se está lejos de los 100 dólares por barril que se tuvo en un punto.

JI

Artículos relacionados