#VTcrónica Precios acordados: un mito en el centro de Caracas

“Mi causa es la causa del pueblo”, dice Joaquín Crespo desde un busto yerto y hediendo a orines, que da la bienvenida desde una esquina angular al Mercado de Quinta Crespo, de Caracas.

Fue erigido por Eleazar López Contreras e inaugurado por el general Marcos Pérez Jiménez en 1951, como parte del nuevo tejido urbano que pretendió investir de modernidad al poblachón Caribe heredado de tiempos de Guzmán Blanco.

Al viejo armatoste art déco anclado en el corazón de la parroquia Santa Teresa, del cual apenas sobreviven el alero ondulado de su fachada este y el campanario coronado por un reloj descuartizado que no da ni las horas ni los minutos, se impuso un orden aleatorio que se rebela ante las imposiciones del Coronavirus.

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Ahí siempre hay vida, legal o al margen de la ley. Si vas hoy, dos custodios perfectamente herméticos se encargan de higienizar a los usuarios con aerosol de hipoclorito y de medir el calor corporal con un termómetro digital que te dispara justo al centro de la frente.

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Adentro se destapa un mundo de sensaciones que, aunque a media máquina, funciona de manera aceitada con una de las ofertas comerciales más nutridas de toda Caracas, y no ha permitido que se acumule la telaraña luego de 60 días de confinamiento.

Los precios

Al igual que otras veces en que el gobierno ha anunciado la regulación de precios de los productos básicos de la cesta alimentaria, muchos víveres permanecen desaparecidos como si se los hubiera tragado la tierra.

En un movimiento aleatorio y sorpresivo, no se consigue carne, en ninguna presentación, pero abundan las paticas de cochino.

El pollo se vende entero, nada de presentaciones para urbanistas aburguesados, como milanesas o muslos, y los productos secos se ofrecen al mejor postor.

Un frasco de cloro de una marca comercial te puede costar más de Bs. 200 mil en un local, mientras que en el de al lado te lo ofrecen por menos de la mitad.

Una harina de trigo todo uso, de una de las marcas más populares para el gusto del consumidor venezolano, zigzaguea entre los Bs. 190 mil y 238 el kilo, y así.

Los embutidos mantienen los precios de la semana anterior, elevados para el bolsillo promedio del caraqueño, mientras que el pescado y las hortalizas van oscilando en la medida en que se acerca un operativo de fiscalización “sorpresa” de los funcionarios de la Superintendencia Nacional para la Defensa de los Derechos Socioeconómicos de Venezuela (Sundde), el Servicio Nacional Integrado de Administración Aduanera y Tributaria  (Seniat) o la Alcaldía del municipio Libertador de Caracas. 

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Pero he aquí que los prodigios abundan en los alrededores, ese territorio imposible y malevo hasta donde ha estirado sus tentáculos la picaresca del comercio formal e informal en el que puedes encontrar de todo, incluso con distanciamiento social. Las carnes emergen de la nada, eso sí, comerciándose a precios regulados, por lo que en algunos locales contiguos se encontraba hasta la semana pasada en Bs. 633 mil el kilo en cualquiera de sus fórmulas: molida, mechada, para guisar, bistec, entre otras.

El siempre vehemente y empoderado cartón de huevo, que algunos han llegado a percibir que se trata del verdadero termómetro de la puja del dólar (Huevotoday), recibe un tratamiento especial en pocos locales y entre los comerciantes tornadizos de los alrededores, en el cual se presenció una dramática caída de Bs. 400 mil el medio cartón, a 320, permaneciendo suspendidas -por ahora- los antipáticos trueques que siempre desfavorecían al consumidor.

El mercado

Se trata, para describirlo de algún modo, de un microuniverso de vida cosmopolita “ordenado” bajo un techado antiguo y otro moderno, con infinitos accesos y corredores flanqueados por frutas, verduras, hortalizas, ropas, enseres, embutidos, pescados, ramas y todo lo que ha podido ir exigiendo el imaginario urbano como parte de sus necesidades reales o inventadas.

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El laberinto está incompleto sin el brazo a la intemperie que se despliega exuberante hacia el oeste, esquina de Horno Negro, atravesando el puente Casacoima con su río pestilente y sus moradores haciendo sancocho de verduras en sus riberas, y el novísimo Centro de Economía Popular Cipriano Castro, al sur del mercado, con sus cuatro pisos de “corotos” dispuestos para el trapicheo comercial de martes a domingo, donde es posible hallar desde un rinoceronte disecado sobre una pared, al Unicornio Azul que se le perdió a Silvio Rodríguez ayer. Todo, entrando y saliendo con la celeridad complaciente del gesto sibilino, la mirada escurridiza y el silencio cómplice de propios y extraños.

La vida

El desabastecimiento, la especulación y la inflación desatada sobre la mayoría de los rubros alimenticios, han reducido el temario cotidiano del Coronavirus y ha impuesto otro más urgente: la comida.

Hacer mercado, como ordena el decreto de cuarentena social a través de un solo miembro de la familia en una batida mañanera y fugaz para evitar el roce callejero, han transformado la encomienda de abastecer al hogar en otra pesadilla distópica.

El pasado 7 de mayo, el Ministerio de Comercio Nacional actualizó una lista de 27 productos regulados que ya había anunciado una semana antes. Son los precios acordados en mesas de trabajo con el sector productivo del país, como lo anunció el mismo presidente Nicolás Maduro a través de su cuenta en la red social Twitter.

 

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Las regulaciones van desde la leche en polvo completa (26% grasa, con y sin aditivos) en 1.380.508 bolívares; el arroz blanco 201.726 bolívares, el azúcar en 175.414 bolívares, los cortes de carne entre 140.331,26 bolívares el kilo y 675.344,21 bolívares.

El pollo beneficiado se promedió en Bs. 287.679 el kilo y el cartón de huevos en Bs. 613.949.

La primera lista anunciada por el gobierno en abril pasado, calculaba sus precios según el tipo de cambio oficial vigente (dólar BCV) al 27 de abril, de 171.072,85 bolívares por dólar.

La nueva lista emergió luego de la entrada en vigencia, a partir del 1 de mayo, de un nuevo incremento salarial a Bs 400.000 el mínimo, y los cestas tickets por igual monto, para un ingreso mensual de 800.000 bolívares.

Así y todo, a cualquier familia se le imposibilita hacer un mercado promedio. Menos aún con los precios acordados que ningún comerciante recuerda a la hora de cobrar.

Marlon Zambrano/VTactual.com

 

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