Resistir creando: año de ocurrencias en cocinas venezolanas

Ya sea que retomaron viejas tradiciones, encontraron alternativas que lucirían descabelladas en principio o hasta descubrieron formas –que siempre estuvieron allí- más saludables de comer, el año 2016 representó para los venezolanos y venezolanas un auge tremendo en cuanto a inventiva culinaria se refiere.

Las redes sociales, los portales de noticias digitales, así como las conversaciones en transporte público, colas en supermercados y hasta en reuniones festivas solían dar un giro hacia el tema: cómo sustituir la harina de trigo y hacer unas tortas igual de esponjosas, la cantidad de diversas arepas que se habían descubierto o cómo hacer cremas que pudieran reemplazar la margarina.

A continuación, repasamos algunas de las recetas y productos que más destacaron durante el año en redes sociales, y con las cuales los venezolanos y venezolanas han logrado combatir, además de la necesidad de productos de difícil acceso, la amargura y la desesperanza.

Comenzaremos por lo básico. Una mesa venezolana sin arepas no es una mesa venezolana. De ahí que la ausencia de la harina de maíz precocido con la que se suelen realizar (aunque en zonas rurales todavía se pile el maíz tierno) fue un duro golpe a las costumbres de los venezolanos. Sin embargo, y una vez superado el trauma inicial, la gente decidió ingeniarse opciones para que volviera a aparecer la arepa en la dieta de sus hogares.

Yuca, batata, zanahoria, papa, auyama, de todo se comenzó a usar para hacerlas. Cualquiera de estas se sancochan en agua, y una vez que estén blandas se pisan hasta convertirlas en un puré que se pueda amasar. Hay quienes a esa masa le agregan queso rallado, avena y hasta ajonjolí. La contextura es distinta para la cocción, y puede requerir un poco de aceite o manteca para evitar que se peguen.

arepas

Aunque no es tradicional, la panqueca también es muy común entre los desayunos en Venezuela. La harina de trigo, uno de sus principales ingredientes, se encuentra entre los productos que, si no están desaparecidos, se pueden adquirir tras hacer largas colas.

La gente que no consigue o no está dispuesta a hacer la cola encontró muchas alternativas para esas panquecas. La avena en hojuelas, por ejemplo, se puede licuar al seco y se produce una fina harina que funciona perfectamente como base para la mezcla. Igualmente, esa harina se puede utilizar para pan o tortas.

panquecas

En esta misma línea, en el estado Bolívar una comunidad indígena kariña tiene un proyecto para la elaboración a gran escala de harina de yuca. Esta tiene una textura muy similar a la de trigo, y funciona además de en panquecas, para elaborar tortas, galletas y pan, igualmente.

Cabe mencionar que el cultivo del trigo en el país no es abundante por las condiciones de la tierra y clima, mientras que la yuca se da en diversas zonas del territorio nacional, por lo que esta alternativa resuelve además el tema de la importación, y representa un caso de avance importante en la soberanía alimentaria.

El uso de la harina de yuca es de larga tradición en comunidades originarias, aunque no para los usos especificados. Es especialmente utilizada para la elaboración de la torta de casabe, una especie de galleta que se come sola o acompañada de diversos untables. Además, hacen dulces que comparten parte del proceso del casabe.

Si decíamos que la arepa es fundamental, uno de sus acompañantes privilegiados también merece una mención. La margarina, además de escasear también en los mercados y expendios de alimentos, no es un producto necesariamente sano y alimenticio, aunque para los venezolanos y venezolanas es muy importante en sus mercados.

margarina

Ante su difícil acceso, por diversos medios han rodado productos que, aunque no sean iguales, pueden suplir su función, la de untarse en la arepa o el pan. Una receta en particular llamó mucho la atención: se pela una zanahoria grande, se cocina en agua hasta que ablande y se licúa con queso rallado y unas dos cucharadas en aceite para que agarre la contextura cremosa deseada.

La lista de “inventos” es muy larga, pero en ella se podrían también destacar las variedades de pastichos sin pasta (el ya tradicional de berenjena, el de plátano, hasta uno que tiene capaz de yuca), o los múltiples purés de verduras (no solamente de papa, sino de batata, yuca, apio, zanahoria y hasta de plátano) para reemplazo del arroz en los almuerzos.

También hay casos que han ido demasiado lejos, como la aparición de una receta para “hacer chis wiz (queso fundido) con cheetos”, o el surgimiento de diversas iniciativas productivas destacables: pequeñas empresas de producción de harina de maíz, o de producción de alimentos balanceados para mascotas, por ejemplo.

Esto sin contar con la proliferación de jabones o champú artesanales y desodorantes caseros a base de aceites aromáticos.

En la guerra no se gana o pierde solamente por la potencia de fuego, sino por la capacidad de resistir los ataques, de sobrellevar las adversidades y mantener el ánimo en alto. Lo ha demostrado el pueblo venezolano, así como el palestino o el sirio, que viven guerras aún más cruentas, y más evidentes. En Venezuela la guerra tiene los rostros ocultos, y aunque a algunos les cueste verla, igual su resistencia es admirable.

Muchos (la mayoría) de esos productos desaparecidos (harinas, pastas, azúcar refinada, margarina) no son saludables. De ahí que surja una interrogante no menor de cara al futuro alimentario del país: cuando todo aparezca de nuevo sin problemas, ¿volveremos a comer mal?

JI

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