Petróleo: grandes fracasos de Obama en 2016

30 de noviembre del 2016. Luego de intensas negociaciones en Viena, los países productores de Petróleo (OPEP y NO OPEP) acordaron reducir la producción de crudo para estabilizar los precios del mercado. Es el primer pacto en ocho años para reducir la producción. De inmediato, se disparó el precio del crudo.

El día 5 de diciembre Reuters analizaba los «fallos» del acuerdo: «La producción de crudo de la OPEP alcanzó en noviembre otro máximo histórico antes de la concreción de un acuerdo para reducir los suministros, indicó… un sondeo de Reuters, ayudado por mayores exportaciones de Irak y barriles adicionales de dos naciones que están exentas del pacto: Nigeria y Libia,». Curiosamente la trasnacional de noticias omitió mencionar el «robo de petróleo por parte de la OTAN, que en contubernio con empresas multinacionales de Estados Unidos, Francia y demás naciones de la Unión Europea (UE), (que) controla (n) militarmente las plataformas del sector».

Terrorismo Petrolero

Expertos han afirmado que el hundimiento de los precios del petróleo es consecuencia de una saturación de crudo del mercado. Y efectivamente, son múltiples las causas, por ejemplo el fraking, o el hecho de que Arabia Saudita y Kuwait pueden bombear un barril de petróleo por menos de 10 dólares.

Un factor que se pasó -deliberadamente- por alto, fue el petróleo que se extrajo y comercializó de modo ilegal en zonas bajo conflicto armado.

De acuerdo con el economista e investigador de la Universidad de Essex, Javier Santacruz, para el año 2015, el grupo terrorista DAESH había logrado producir y comercializar una cantidad de crudo que lo colocaba -comparativamente hablando- entre los nueve mayores productores de la OPEP. Los cálculos indicaban que durante varios meses, el DAESH pudo conseguir cerca de un millón de dólares diarios sólo por concepto de venta de crudo.

Mientras el petróleo en las variedades Brent y WTI era vendido respectivamente a 45 y 41 dólares el barril, DAESH lo remataba hasta en su tercera parte de su valor.

De acuerdo con el medio israelí The Globes, el régimen sionista de Benjamin Netanyahu y el Gobierno de Turquía habrían sido los principales compradores del crudo que usurpaba el DAESH en Siria e Irak.

El columnista del Diario La Jornada Alfredo Jalife-Rahme apuntó que The Globes ocultó que el petróleo contrabandeado es también comprado por las trasnacionales Exxon, BP y Conoco, cuyo objetivo deliberado residía en desplomar el precio para dañar los ingresos de Rusia.

En noviembre del 2015, el medio web de Al-Araby Al-Jadeed publicó un trabajo de investigación que seguía la ruta del petróleo extraído por el DAESH hasta Israel:

DAESH, aseguraba la investigación,  “vende petróleo iraquí y sirio por un precio muy bajo a las redes y mafias de contrabando de kurdos y turcos, que etiquetan y venden en como barriles desde el Gobierno Regional de Kurdistán.”

El reporte de prensa logró conocer la dinámica de la producción de petróleo de los pozos en manos del terrorismo: «Estos campos de petróleo producen durante siete e, incluso, nueve horas al día, desde el atardecer hasta el amanecer. La producción es supervisada todo trabajadores iraquíes e ingenieros (que) estaban en el desempeño de sus funciones cuando los terroristas tomaron el territorio».

Al-Araby obtuvo la información de un coronel de la inteligencia iraquí que se mantuvo en el anonimato por razones de seguridad. La investigación de este medio hace la ruta del petróleo desde el yacimiento hasta la entrega en la frontera y asegura que en los puertos turcos las operaciones están custodiadas por un alto funcionario occidental, aunque no reveló su nombre.

Todos los caminos conducían a Turquía. Erdogan aseguró que renunciaría a su cargo si se comprobaba que su país compra petróleo al DAESH: «No somos tan deshonestos como para comprar petróleo a los terroristas. Si se demuestra que lo hemos hecho, dejo mi puesto. Si existe alguna evidencia, que la presenten: vamos a verla».

Pocos días después, el Ministerio de Defensa ruso presentó pruebas que demostraban que el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan y su familia compran el petróleo ilegal que vendía DAESH.

Erdogan no renunció, pero si tuvo que superar un golpe de Estado, tras el cual, su gobierno dio un viraje de 180 grados en lo que respeta a las políticas de relaciones internacionales . En aquella oportunidad denunció de estar detrás del golpe al que- hasta entonces- presentaba como un «aliado» en la lucha contra el gobierno de Siria: Estados Unidos.

De aquellas acusaciones confrontativas y  altisonantes entre altos funcionarios turcos y rusos no queda sino el recuerdo desde que Turquía, tras el golpe y un par de acercamientos con Putin,  se unió a la lucha contra el DAESH y otros grupos terroristas en Siria. Aunque tal «ayuda» no ha sido ni aceptada ni bien vista por el gobierno de Bashar Al Assad, lo cierto es que el control del petróleo en Siria se le escapó de las manos al terrorismo.

De la «distensión» al negocio: Putin y Erdogan, durante la 23 edición de la cumbre del Congreso Mundial de Energía en Estambul, firmaron un acuerdo estratégico para construir un gasoducto con destino a Europa, eludiendo las anteriores conexiones gaseras con Ucrania. Dos gasoductos, con capacidad para  30 mil millones de metros cúbicos de gas operados por la gasera estatal rusa Gazprom surtirían el mercado interno de Turquía y al viejo continente. El acuerdo, se tradujo, en una de las alzas «promesas» del petróleo del 2016… Una promesa a futuro.

El triunfo de Rusia y Siria sobre el terrorismo en Alepo tiene implicaciones a nivel internacional que son censurados por los grandes medios de noticias. Bajo los escombros de Siria también hay petróleo.

Arabia Saudita

Antes de consolidarse el acuerdo de los países productores de petróleo OPEP y no OPEP, se efectuaron varios intentos para estabilizar los precios. En abril de 2016, hubo una reunión muy conflictiva en Doha que concluyó sin consensos.

En aquella ocasión, Eulogio Del Pino – entonces Ministro de Energía y Petróleo de Venezuela y actual Presidente de la Empresa PDVSA- señaló como responsable del saldo negativo a Arabia Saudita. La impresión reflejada por Del pino a los periodistas era  que  «aquella delegación saudita, incluyendo al ministro Ali al-Naimi, «no tenía la autoridad para decidir sobre nada», ya que estaban bajo estrictas instrucciones de Riad.

«Estados Unidos estaba detrás de la presión. Tienen un problema con Venezuela y Rusia (…) Están haciendo esto por razones políticas y están ignorando el sufrimiento de sus propios pueblos.»

A Del Pino no le faltaba razón: Arabia Saudita estaba jugando su propia estrategia, en la que las decisiones fluían entre las propias contradicciones con Estados Unidos. Además, Kerry había hecho una gira relámpago por los países del Golfo Pérsico una semana antes del encuentro.

En paralelo a la reunión, en Washington, el debate se centraba sobre 28 páginas que habían sido censuradas de la ‘Investigación conjunta sobre las actividades de inteligencia antes y después de los ataques terroristas de septiembre de 2001’, y fue realizado por comités de la Cámara y el Senado del país norteamericano en diciembre de 2002. Las 28 páginas apuntan con su dedo acusador a Arabia Saudita como protagonista de los ataques a las torres gemelas el 11 de septiembre, según indicó el exsenador demócrata por Florida Bob Graham.

Durante una emisión del programa 60 minutes dedicado a este tema, el presentador Steve Krof  preguntó a Graham si él cree que hubo apoyo por parte de Arabia Saudí al atentado terrorista. El exsenador respondió: “Sustancialmente, sí”. El presentador replicó: “Y cuando hablamos de ‘los saudíes’, ¿se refiere a su gobierno? ¿A los ricos del país? ¿A las obras de beneficencia?”. Graham respondió: “A todos los mencionados”.

En tres ocasiones una comisión bipartidista en el Congreso introdujo el Proyecto de Ley de Justicia contra los Promotores del Terrorismo. El proyecto de ley fue aprobado por el Comité Judicial del Senado en enero del 2016. El día 19 de abril uno de los coauspiciantes del Proyecto de Ley, el Senador Lindsey Graham, retiró públicamente su apoyo argumentando que si el texto fuera aprobado, pudiera exponerse a Estados Unidos a acciones legales similares.

El 20 de abril, o la víspera de la visita del Presidente de los Estados Unidos a la capital saudí en donde sostuvo un encuentro con el Rey saudí Salman bin Abdulaziz,  Obama sostuvo que no apoyaba este proyecto de ley que permitiría a los familiares de las víctimas del 11S demandar al Gobierno saudita por sus posibles vínculos en el atentado que cobró la vida de 2.974 personas, debido a la posibilidad de que ciudadanos extranjeros ― víctimas de Estados Unidos― pudieran demandar a Washington.

“Si ofrecemos la posibilidad de que individuos en EE.UU. puedan iniciar de forma rutinaria demandas contra otros gobiernos, entonces también estamos abriendo la posibilidad de que EE.UU. sea demandado continuamente por individuos de otros países».

Arabia Saudita no se quedó con los brazos cruzados. Según  The New York Times, las autoridades saudíes amenazaron con vender miles de millones de dólares de activos si el Congreso estadounidenses aprobaba el proyecto de ley.

Según el diario norteamericano, “Adel al-Jubeir, el ministro de Exteriores saudí, entregó el mensaje del reino personalmente el mes pasado durante un viaje a Washington, diciendo a los legisladores que Arabia Saudita se vería obligada a vender hasta $ 750 millones de dólares en títulos del Tesoro y otros activos en los Estados Unidos antes de que pudieran estar en peligro de ser congelados por los tribunales norteamericanos.”

Aunque el 10 de septiembre el Congreso aprobó que las víctimas pudieran demandar a Arabia Saudita,  el día 23 de ese mes Obama vetó la Ley. Y continúa, el Premio Nobel de la Paz, financiando y colaborando con la agresión de Arabia a Yemen, cuyos costos invisibilizan las grandes trasnacionales de noticias: es una guerra que a los ojos de occidente no existe, aunque -de muchas maneras- la apoya.

Los saudíes asumieron el acuerdo, disminuirá su producción, y es muy probable que se estabilicen los precios del petróleo. Visto desde distintas ópticas, el acuerdo es en letra escrita y en símbolo, un comprobante de la derrota de la política exterior estadounidense: la delgada línea de la diplomacia y la guerra fue una zona de desastres para el 2016 de Obama.

LC

 

 

 

 

 

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