Del Plan Cóndor al ataque en Mercosur: «bloques» de derecha y sus acciones en América Latina

La reciente actuación de la denominada Triple Alianza (Argentina, Brasil y Paraguay) en el bloque del Mercado Común del Sur (Mercosur), “expulsando” a Venezuela del bloque comercial, ha revivido recuerdos que parecían diluirse en el continente y que remiten a alianzas como la del Plan Cóndor, entre los años 70 y 80.

Auspiciado y financiado desde Estados Unidos por la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés), el Plan Cóndor constituyó la colaboración de los centros de inteligencia de Estados bajo gobiernos radicales de derecha en el continente para compartir informaciones sobre grupos “subversivos”, organizaciones de izquierda, y así reprimir y hasta asesinar a disidentes de sus regímenes.

Eran tiempos de la Guerra Fría, y el objetivo primordial ara entonces de EE UU era impedir la diseminación de la ideología comunista tanto en su territorio como en lo que era conocido como su “patrio trasero”.

Como principales actores de la conformación de esta organización continental clandestina están en Chile Augusto Pinochet, a través del jefe de la DINA (Dirección de Inteligencia Nacional), Manuel Contreras; y desde los Estados Unidos, el entonces secretario de Estado, Henry Kissinger.

Documentos hallados en Paraguay en 1992, y denominados como “archivos el terror” dan cuenta de un saldo terrible para el Plan Cóndor: unas 50 mil personas muertas, además de 30 mil desapariciones y más de 400 mil encarcelamientos.

Además de compartirse información, Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Uruguay y Paraguay permitían libre tránsito y actuación a oficiales de centros de inteligencia de los otros países en sus territorios, para los fines ya mencionados.

Aunque su instauración llegó en los años 70 como bloque, desde la década anterior ya se podía hablar de un denominador común para la derecha en la región, y era el carácter dictatorial de los gobiernos, y que duraría hasta mediados de la década de los 80.

Aunque ya durante las dictaduras del Cono Sur se habían adoptado políticas económicas neoliberales, no es hasta entrados los años 80 que esto se generaliza completamente en la región, cuando los países comenzaron a declarar su incapacidad de cubrir la deuda externa y el Fondo Monetario Internacional intervino.

Vinieron así los más grandes recortes económicos en lo social, salud, educación, entre otras políticas. Si bien no se definieron bloques en un sentido como el del Plan Cóndor, el denominador común en lo económico que además beneficiaba a la gran banca y las empresas transnacionales, podría hacer ver una suerte de bloque saqueador del continente.

Si es cierto que el Plan Cóndor finalizó “oficialmente” su accionar, los brazos norteamericanos han permanecido tal vez de manera más tímida moviendo ciertos hilos latinoamericanos. Especialmente en lo económico, como hemos venido diciendo.

Sin embargo, con el nuevo siglo llegó un freno a las injerencias de todo tipo, al surgir un bloque contrahegemónico, liderado en su momento por Hugo Chávez en Venezuela. La derrota en 2005 del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) impulsada desde Washington supuso quizá un freno momentáneo, pues luego Estados Unidos se dedicó a abrir este tipo de tratados con naciones que tuvieran gobiernos más dóciles: Colombia y Perú, por ejemplo.

Pero además, la organización e instauración de un nuevo bloque que contrarrestara las nuevas alianzas que construyeron, además de Venezuela, países como Brasil (primero con Lula Da Silva y luego con Dilma Rousseff), Argentina, con Néstor Kirchner y Cristina Fernández; Boliva, con Evo Morales; Ecuador, con Rafael Correa a la cabeza, y –aunque más tímidamente- Uruguay, con José Pepe Mujica, y Paraguay, con Fernando Lugo.

De ahí que los intentos de golpe y conspiraciones auspiciados desde la Casa Blanca fueran permanentes contra los mencionados gobiernos. De hecho, Lugo fue víctima de un golpe perpetrado por el parlamento paraguayo, al igual que lo sería este año Rousseff, en Brasil. Esta acción completaría, junto con la llegada del empresario Mauricio Macri a la presidencia en Argentina, la nueva alianza contra los gobiernos de izquierda.

Pero además, ha habido un recrudecimiento en los intentos por generar conflictos bilaterales en la región: la disputa de Bolivia y Chile por el acceso marino para los primeros, y más fuertemente, contra Venezuela, que por un lado es atacada en su economía desde Colombia y por el otro ha tenido que ver cómo Guyana ha radicalizado su postura en la disputa territorial por el Esequibo.

La concreción, de todos modos, de un bloque de países en su alianza evidente podría situarse ya al ver lo que está sucediendo en Mercosur, al arrebatarle a Venezuela no solo sus facultades como Estado miembro del órgano económico regional, sino además la presidencia pro témpore que asumiera a mediados de año, y que ahora ostenta de manera ilegal Argentina.

Pero además, estas acciones tienen su correlativo mediático y, por tanto, de generación de discurso para las masas: se pueden leer en diversos medios privados del continente, notas, artículos y análisis que mencionan y celebran el fin de la “hegemonía de la izquierda” en América Latina.

Ahora, la realidad habla de que todavía existe un bloque significativo de países que combaten la hegemonía económica del libre mercado y que privilegian a las minorías, no solo a lo interno, sino regionalmente.

Así, los países de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) mantiene su accionar de cooperación, así como lo hacen las naciones reunidas en Celac (Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe). Porque además podría contarse como uno de los mayores logros de la política de integración de los últimos años el acercamiento del Caribe y Centroamérica a los países del sur del continente americano.

JI

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