Venezuela: La verdadera resistencia es la cultura de los barrios

Cuentan los cronistas del barrio, que el 24 de junio era el único día que los esclavos provenientes de África tenían libre y que entonces, aprovechaban para rendir tributo a sus deidades. La iglesia impuso a los negros a San Juan, pero ellos lo mimetizaron, en realidad celebraban a Juan Congo.

Sus raíces africanas brotaban ese día en la rebeldía que emitía su musicalidad, los tambores, los laures, los bailes. Esta expresión se fue moviendo por toda la costa venezolana, y más recientemente a los barrios de Caracas, donde adquiere características nuevas y cada vez más diversas.

Ha sido entonces una fecha para la resistencia verdadera, para resistir a la dominación de la iglesia católica y sus dogmas, y ya en nuestros tiempos, para combatir la imposición del pensamiento único.

Este año, San Juan se impuso y resistió frente al planteamiento de violencia que intentan imponer unos pocos, que nada tienen que ver con las alegrías y tristezas de los pobres.

Al llegar al barrio, la primera impresión, es un ruido que no se entiende, un rumor, algo pasa, luego, comienzan a surgir en el horizonte banderas de todos los colores ondeando en el aire, rindiendo tributo.

Entre las banderas, imágenes del Santo de los negros, lo bailan, lo pasean para que bendiga las esquinas y las calles. Detrás de él, los músicos cargando tambores, inventando versos. De vez en cuando hacen algunas paradas, en la casa se algún cultor, en una esquina emblemática. Cambian el ritmo de sangueo, que se usa para llevar al santo en procesión y tocan alguno para bailar, los hombres, de manera galante, las mujeres siempre sensuales, con una cadencia envidiable.

Es una energía arrolladora, la gente se abraza, baila, comparte bebidas, le hacen ofrendas y piden favores. El barrio es uno solo, hacen coro, los músicos son recibidos comida y aplausos.

Los niños aquí no son utilizados para la guerra, son aprendices, llevan sus tambores y garantizan la continuidad en el tiempo de la tradición.Las mujeres, bien pueden cantar, bailar o tocar, igual que los hombres. En las fiestas de San Juan en Caracas se toca tambor de Aragua, de San Millán, de Naiguatá y de Curiepe.

Pero lo más importante es lo que no se siente, se trata de una energía indescriptible, que intuyo como una conexión con esos antepasados que bailaban con el dolor a cuestas por haber sido arrancados de sus tierras, es una espiritualidad única que hay que sentirla para entenderla.

La jornada de este sábado, en Caracas, bien demuestra la lucha de clases que de manera silenciosa a veces y otras de forma muy ruidosa y criminal impera en el mundo: en el este, unos pocos tratando de que la violencia prevalezca, en el oeste y el sur, en los barrios de La Vega, San Agustín y otros tantos el pueblo impuso la paz, la gente es feliz; con necesidades y con situaciones muchas veces adversas, es cuando más bailan, al mejor estilo de Murakami, bailan.

JS

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