#Impropios Jaime Malanich: el ministro que «jugó» con el Coronavirus

Jaime Malanich es, por lo menos, un ilusionista. Inventó una estrategia para combatir el Coronavirus en Chile que puede ser calificada de inútil, pero jamás se podrá decir que no fue creativa, sin precedentes, ni adaptaciones de las que han aplicado otros países: las «cuarentenas dinámicas«; algo así como erradicar una gripe amputando la nariz.

Hasta el sábado 13 pasado fue el encargado de Salud del gabinete de Sebastián Piñera. Como legado dejó más de 167 mil contagiados y 3 mil fallecidos desde el inicio de la pandemia, logrando el inédito récord de en solo 24 horas6.754 nuevos casos de Covid-19 (un aumento del 60% de casos en un solo día) y 222 muertos.

Malanich sale del Ministerio de Salud chileno con las tablas —y el Covid-19—en la cabeza

Su estrategia consistió en pretender frenar la diseminación del virus con el mismo impacto que un «cierre de emergencia», pero sin pagar el precio de tener la metrópoli cerrada. El gobierno decretó tardíamente, a partir del 15 de mayo la cuarentena total  y obligatoria en la provincia de Santiago, medida que afectó a unas ocho millones de personas, es decir, el 42% de la población total de Chile.

Pero no obligó al confinamiento total de las provincias (comunas), ni evitó la movilidad de los santiaguinos, que son «más porfiados que los chilenos de las regiones» según su autovaloración, con lo que se mantuvieron abiertas las rendijas del contagio y sus flujos transmigrantes, dejando a ese país como el más afectado en la región después de Brasil.

No es de extrañar. Fue el inefable autor de una frase que quedará para la posteridad cuando se estudie lo más «in» y lo más «out» de estos días contagiosos: dijo que el coronavirus podía mutar y convertirse en buena persona. No conforme, en otra ocasión reconoció que no conocía el nivel de hacinamiento que hay en su país, lo que para un ministro de Estado le valió el cuestionamiento, tanto de los partidarios del gobierno, como de la oposición.

Desconocimiento, improvisación y mentiras

Hubo poco análisis respecto al funcionamiento de Santiago como un todo, más que la suma de territorios delimitados independientes, es decir, las comunas. Se trató a las comunas de la capital como si fueran las regiones del país, con límites amplios y claros, cuando no es así, la movilidad de las personas dentro de la ciudad de Santiago, y por tanto su interconexión, es inmensa”, analiza el médico Manuel Najera, epidemiólogo y docente chileno.

Según la doctora Claudia Cortés, vicepresidenta de la Sociedad Chilena de Infectología, fue un rotundo fracaso sanitario que permitió que los contagios se triplicaran. «La gente se transportó de una comuna a otra, y así, cuarentena a la mitad de una comuna, a medias comunas, era una cosa bastante absurda. Las calles no pueden ser un límite y siempre dijimos que era muy poco razonable hacer cuarentenas en comunas partidas por la mitad», expresó. 

El otro asunto, grave, fue la ausencia de criterios estadísticos confiables. Unos datos eran los que exhibía públicamente a sus ciudadanos la cartera de Salud y otros los que se entregaban a la Organización Mundial de la Salud (OMS), como lo demostró el Centro de Investigación Periodística (Ciper-Chile).

Dicen que esta denuncia fue la que desencadenó su dimisión.

Las «cuarentenas dinámicas» condenaron las medidas anticoronavirus de Chile al fracaso

Mientras que el ministerio le hablaba a los chilenos de 3.101 muertes hasta el sábado pasado, le informaba a la OMS de 5.000 fallecidos, sin una explicación convincente.

Para él los homenajes

Aún así, Piñera no sabe cómo homenajear a Malanich por su «sacrificio» al frente de la gestión de salud. Vía Twitter advirtió que se trataba de un «gran servidor público» que «puso la salud de los chilenos por encima de todos sus legítimos intereses».

Puede que tenga razón: el exministro (lo ha sido durante los dos períodos de Piñera) es un encumbrado político y hombre de negocios del ámbito sanitario, director médico de la Clínica Las Condes de la que Piñera ¿fue? accionista. Además de su médico personal.

De fuentes de La Moneda se rumora que, el presidente en persona está impulsando la idea de hacerle una despedida a lo grande, tras renunciar justo al borde de ser linchado pública y simbólicamente por el desastre de su gestión.

Hasta la Primera Dama, Cecilia Morel, salió en su defensa y pidió el mismo día de su salida organizar un gesto para él. Algunos integrantes del buró político del gobierno han insistido, por redes sociales, en felicitarlo por su esfuerzo y hasta han señalado la posibilidad de tributarle un agasajo íntimo o un rito «virtual», de esos que están de moda.

Parece poco probable, a mediano plazo, su ingreso de nuevo al gabinete  o en algún cargo público visible. Según la prensa chilena, la idea, es mantenerlo lejos de la polémica y sobre todo, de la posibilidad de encarar a los periodistas incómodos con sus preguntas hirientes.

Con 66 años, signos de agotamiento y la ausencia del bazo, se habla de «premiarlo» con una embajada que lo mantenga lejos del escarnio, como se hace con los prohombres en casi todos los gobiernos del continente. Más en uno como el chileno, encabezado por el empresario Sebastián Piñera (dueño de una fortuna de USD 2.800 millones según la revista Forbes), quien se ha cansado de aleccionar a Venezuela en asuntos de moral, derechos humanos y gestión eficiente.

El nuevo ministro, Enrique Paris, y Piñera, prometen nuevas aventuras

A Jaime Malanich lo sustituye el doctor Enrique Paris, presidente del Colegio Médico durante dos períodos, quien se desempeñó como decano de la Facultad de Ciencias en la Universidad Mayor y además integró la Mesa Social Covid-19.

Al asumir el cargo, Paris anunció: “Se abre una nueva etapa en la cual debemos recibir las opiniones divergentes y las opiniones que apoyan la política actual para sacar de ese diálogo lo mejor de Chile, lo mejor de la patria, lo mejor de los funcionarios de salud que han dado todo lo posible para luchar contra este virus. Lo único que nos debe unir es la salud y la recuperación de nuestro pueblo, la salud de hombres, mujeres y niños más necesitadas, y sobre todo trabajar consensuadamente, dialogando y escuchando”.

Claro que sí.

Marlon Zambrano/ VTactual.com

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